Doce años después de la traslación cinematográfica de El médico, un best seller de Noah Gordon publicado en 1986, se estrena esta secuela alemana (como la película original) inspirada en el universo de ese escritor.

De nuevo el protagonista es el galeno Rob Cole quien, en el año 1034, se ve obligado a huir junto con su familia, y sus estudiantes, desde Persia a Occidente, a Londres, buscando un futuro mejor. Pero pronto descubre que los musulmanes y judíos no pueden entrar en la ciudad y, lo que es más grave, no pueden ejercer como médicos. Cuando Rob es llamado por el rey para atender a su hija enferma mentalmente, tiene esperanza de que su vida cambiará radicalmente tras dejar claro su talento para la medicina pero desconoce que entrará en una red de intrigas palaciegas de la cual es difícil salir ileso.

Nuevas aventuras en el medievo que solo pretenden entretener y quieren centrarse, en esta ocasión, en lo que denominan “enfermedades del alma”, en alusión a las enfermedades mentales y el alcance que puede tener la medicina tradicional en esa materia. Pero avanza un paso más sobre métodos inexplicables y fantásticos puesto que incluye, en un totum revolutum, las prácticas espiritistas llevadas a cabo por curanderas y brujas dándoles una patina de veracidad, situándolas como ayuda de la medicina, algo que rechinará a muchos,

Diez años ha tardado el director alemán Philipp Stölzl en sacar adelante esta superproducción de cuidada factura visual y donde ha recurrido a un reparto diferente al de la película original aunque al frente repita como Rob Cole el actor Tom Payne.

Como la película original, contiene una narrativa sencilla, continuos acontecimientos que conllevan que nunca el espectador se aburra ( y eso que la película tiene un metraje de 142 minutos) y personajes atractivos. En esta ocasión las nuevas incorporaciones son las del veterano intérprete Liam Cunningham, que encarna al torturado Rey, quien da un poso de seriedad a la trama, mientras la joven Áine Rose Daly interpreta al personaje más complejo, el de la heredera con problemas mentales, una joven en busca de su destino frente al de la malvada de turno, la reina Mercia, encarnada con verosimilitud por la actriz Emily Cox.

Para: los que vieron la primera entrega de igual nombre y les entretuvo.