• Los roces entre Macron y el poderoso empresario francés estallaron en su etapa de ministro de Economía.
  • La alianza de la germana RWE, a través de su filial verde Innogy, y la gasista gala crearía un Airbus energético europeo.
  • Las opciones son varias, pero RWE está ahogada por el apagón nuclear y Alemania depende demasiado del gas ruso.
El gigante energético alemán RWE sondea una alianza con la francesa gasera francesa Engie (antes Suez-GDF), como se hace eco la prensa germana, a través de su filial verde Innogy. RWE controla casi el 77% de Innogy y el Estado francés el 30% de Engie, que controla a su vez a Suez Environnement. Por tanto, aunque no se concretado aún en negociaciones directas entre RWE y Engie, tiene también un doble trasfondo político. Aparte de robustecer el eje energético franco alemán, unos de los objetivos responde también al deseo del presidente Macron de dejar fuera de juego a Gérard Mestrallet (en la imagen), presidente de Engie. Es conocida su animadversión entre ambos, acentuados en su etapa de ministro de Economía. Una de las bazas para neutralizar al todopoderoso Mestrallet, entonces, fue una fusión de Engie y EDF, con el objetivo de crear una gran energética gala con activos nucleares (EDF) y gasistas (Engie), pero chocó con Mestrallet. Y tampoco funcionó el nombramiento posterior Isabelle Kocher como consejera delegada (mediados del año pasado). En cualquier caso, el desenlace de la operación -que cuenta con el asesoramiento de bancos de inversión, informa Handelsblatt- tendrá que esperar al resultado de las elecciones alemanas de septiembre. El interés es mutuo y de ahí podría surgir una especie de Airbus energético, algo que lo que sí han hablado los dos gobiernos. Las opciones son varias, aunque RWE tiene ante sí el reto del desmantelamiento de las centrales nucleares alemanas, tras el apagón nuclear de Angela Merkel. De ahí la reestructuración de RWE, incluida la segregación de activos y la salida su filial Innogy. Una cosa está clara: el cierre de las centrales ha ahogado a las dos grandes eléctricas alemanas, RWE y E.On. Y al mismo tiempo, Alemania aspira a nuevas alternativas para no depender, básicamente, del gas ruso que distribuye Grazprom. Rafael Esparza