Vladimir Putin atravesó la línea roja de la OTAN, al lanzar una veintena de drones sobre Polonia, miembro de la alianza y miembro de la Unión Europea. Todo bien medido, para no provocar víctimas... y para provocar a Occidente: a ver hasta dónde están dispuestos a llegar. 

Donald Trump, el único que ha intentado la paz en Ucrania y el único que ha intentado devolver a Putin a Occidente, única forma de asegurar la paz. Pero el ruso ha asimilado la buena fe a la debilidad y, alentado por el peor tirano del momento, el chino Xi Jinping, se ha venido arriba. A partir de ahí, Europa y América están obligados a enseñarle los dientes: lo de Polonia, en efecto, no puede quedar sin respuesta. Trump ha dicho. "Allá vamos"... veremos qué significa.

Recuerden que la II Guerra mundial comenzó en Polonia, en Danzig (hoy Gdansk), y que bien podría empezar la III en el mismo país. Además, la explicación de Moscú sobre el ataque, mas que provocativa resulta estúpida: no pretendía atacar Polonia.

En paralelo, los líderes europeos han iniciado todo tipo de reuniones para calibrar la respuesta, que debería contar con la participación de Estados Unidos. Pedro Sánchez ha quedado al margen. Con él, España ha dejado de contar.