Lo ha dicho la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, porque, en la España de Sánchez, cualquier puede llegar a vicepresidente. Ojo al dato: la mitad de los miembros de los consejos de administración de las empresas deberían ser trabajadores de la misma empresa. La otra mitad, digo yo y siempre según la escuela yolandista, debería ser para los clientes, que la sostienen con sus compras. 

Para los propietarios, también conocidos como accionistas, malditos depredadores capitalistas, ni un puesto.

Será una empresa de lo más ideal, que nadie fundará porque los fundadores de una empresa son sus accionistas, es decir sus propietarios. 

Pero, suponiendo que alguien, en un acceso de enajenación mental, esté dispuesto a dar su dinero para crear una sociedad con ánimo de lucro para no lucrarse en modo alguno y sin poseer control alguno sobre la misma, nos encontraremos con una compañía, insisto, hipotética, de lo más singular: los trabajadores de la misma se autoconcederán subidas constantes de salarios mientras los clientes -sus contrarios, no lo olvidemos- exigirán precios más baratos por los artículos producidos. Es más, pedirán que se regalen, como una muestra de fraternidad empresarial con los clientes. Todo quedará listo para la quiebra.

¡Y que viva la propiedad privada!

Oiga, y lo más curioso, es que ningún ministro del Gobierno Sánchez, empezando por su presidente le ha respondido a la señora Díaz: Yoli, ¿estás tonta?