
En enero de 2025, Pedro Sánchez, para hacerle un favor a su amiga Beatriz Corredor, presidente de Redeia, obliga a Indra a comprarle el 90% de Hispasat por 725 millones de euros, un precio absolutamente inflado para una compañía que languidece con una tecnología satelital un tanto obsoleta que, para más cachondeo, tiene en sus tripas a Hisdesat, propietaria de sus propietarios, cierto, pero donde manda el Ministerio de Defensa.
¿Y por qué? Por lo dicho; Redeia no marchaba, ni marcha, como debería y Corredor necesitaba salir de su apuro. Eso sí, para devolverle el favor, tres meses después se produce el apagón general, eso que ha marcado la economía española durante el ejercicio 2025 y donde, a pesar de la negativa de doña Beatriz, todo el mundo señala a la red eléctrica y al Gobierno, en tanto apóstol de las energías renovables, como candidatos a primeros responsables del bochornoso desaguisado del 28 de abril.
Como la burocracia es lenta hasta cuando le conviene, hubo que espera al penúltimo Consejo de Ministros del año para que el gobierno apruebe la compra. Hombre, de entrada, y debido al cumplimiento de los objetivos ya en 2025, habría que restar unos 250 millones de euros que Indra no tendría por qué haber pagado.
Es igual, nuevamente, los hermanos Escribano, Ángel y Javier, dueños de la empresa EME y segundo accionista de Indra, así como el ceo José Vicente de los Mozos, se lanzan a su especialidad: convertir un bluf en un éxito.
Así, han creado Indra Space, y elevado a ceo a quien y ocupaba ese cargo en Hispasat: Miguel Ángel Panduro. Todo ello inserto en una ensoñación: señores, cuenten con Drones, con cohetes y misiles... pero lo cierto es que Hispasat sabía hacer satélites comerciales, no militares (Hisdesat no es, precisamente, un punta de lanza mundial) y de no muy sofisticada tecnología.
Es el problema de fondo de una Indra que se ha preocupado más de aumentar su capitalización que su tecnología, es decir, su capacidad industrial.
Porque con Indra estamos viviendo un curioso fenómeno: ha sido el mejor valor bursátil de 2025 pero al mismo tiempo los resultados no responden, salvo periodificando convenientemente la contabilidad de unos contratos que, en este sector, son a muy largo plazo y donde siempre se pueden anotar facturaciones porque el único cliente es el Estado, que siempre paga aunque nunca se sabe cuándo paga.
Es muy oportuno que España tenga un campeón en el bazar de las armas en tiempos de guerra, pero cuando el marcado es de un sólo cliente lo mejor sería una industria estatal, no una vísperas donde se cruzan los egoísmos de distintas familias.
Hispasat, otro 'bluf' convertido en "operación del siglo".
Esto no funciona y sobre todo, se está volviendo peligroso, dentro de ese modelo de espejismo empresarial donde el futuro es atrayente pero el presente nunca alcanza a ese futuro.









