Hispanidad, decano de la prensa electrónica española, nació el 20 de marzo de 1996, al final del siglo XX, apenas un año después de que Internet llegará a España.

Cumplimos, por tanto, 30 años de vida. En este lapso, el mundo ha cambiado. No es fácil resumir lo ocurrido en seis lustros pero podríamos aducir que, en periodismo, Internet comenzó siendo un dechado de libertad, donde con 3.000 euros de capital social podías jugar a ser Polanco, un auténtico paraíso donde los diminutos podíamos crear un periódico y, aun con una mano atada a la espalda, luchábamos contra los poderosos, contra la media docena de grandes medios, hacíamos frente al oligopolio de los señores de la prensa. Y a veces, oiga usted, vencíamos.

Lo malo es que no vimos venir al verdadero enemigo de la prensa libre, el de las pequeñas empresas de la prensa independiente, incluso pensamos que era nuestro aliado. Hablo del monstruo Google que es el que ahora se puede cargar a la prensa libre. En un primera etapa como buscador en la inconmensurable maraña informativa de Internet, y luego, mucho peor, como buscador dotado de inteligencia artificial. Por cierto, como ya hemos recordado muchas veces, o es inteligencia o es artificial.

Relacionado

Google ha sido el parásito, ladrón, censor y abusón de la prensa libre. Periodistas y editores hemos amamantado al monstruo y ahora el monstruo nos está devorando.

Relacionado

En España, además, el Sanchismo, ese cáncer que asola a la madre patria, se ha liado con Google y, en nombre de la lucha contra el bulo y el fango (¿o era contra el fango y el bulo?), ha implantado una censura mucho más sibilina que la clásica. No consiste en tachar con lápiz rojo 'lo incorrecto', no, consiste en ningunearte, a costa de colocarte en su decimoséptima pantalla. Google no te censuraba: simplemente te borraba del mapa, no existías. Una máquina, a la que un ser humano había dado los criterios ahora le llamamos algoritmos- se encargaba de la censura y, como se trataba de una máquina, no incurría en subjetividades propias del ser humano, sino en la siniestra objetividad de la máquina no pensante, que con una velocidad inusitada, aplicaba los criterios que le había introducido el programador de Google al que, por cierto, no le gusta lo que huela a cristiano.

Tres ideas 'constitutivas' de Hispanidad: la filiación divina, la evangelización de América y la economía de lo pequeño. Un aniversario el de Hispanidad que se celebra en plena batalla de la prensa contra la inteligencia artificial y en los albores de la era del periodismo ciudadano

La segunda etapa ha comenzado ahora con Gemini III, el programa de Google que ha alcanzado la llamada inteligencia artificial generativa, es decir, una ser humano en su origen que le ha enseñado a la máquina a hacer ecuaciones de segundo grado.

Relacionado

Para entendernos, lo que está matando al periodismo es el resumencito que Gemini hace la actualidad, robándole el copyright, no a un periodista, sino a decenas de periodistas en centésimas de segundo. Si busco información sobre algún suceso de actualidad, y Google, antes de mostrarme todos los medios que le han dedicado esfuerzo a contarlo, me exhibe un resumencito hecho por la máquina... robándole su creatividad a los periodistas, el 99% de los lectores no leerá los medios, leerá a Google. Es decir, con la IA, sobre todo con el Gemini III de Google, el ataque a la prensa libre se ha multiplicado. ¿Podría ser esto el fin del periodismo? Sí, podría ser... pero espero que no lo sea.

Relacionado

El periodismo electrónico actual, al menos en lenguaje escrito -no hablo de radio ni de TV, aunque también les está llegando ya el siniestro ataque de la IA- tiene una segunda batalla en la que el enemigo es más noble pero puede ser igualmente demoledor. Luchamos con la IA... en los albores del periodismo ciudadano, de suyo bueno pero que puede arruinar al periodismo libre, ya de por sí bastante arruinado.

En las redes sociales se ejerce el periodismo ciudadano, el periodismo de lo próximo, de lo que se graba con el móvil, pero ojo, en vivo y en directo, donde los medios no pueden llegar. Los riesgos del periodismo ciudadano son muchos sí, pero es el periodismo de proximidad, el que hace el pueblo: no sólo es imposible luchar contra él, es que resultaría liberticida e injusto.

Relacionado

Ahora bien, el periodismo también es un oficio.

Por tanto, acepto que la crítica habitual de mis colegas y del poder -cuando no le gusta lo que dice la gente en las redes sociales- por la falta de rigor expositivo en las redes sociales es lógica y es lo que a mí, como periodista profesional, me pide el cuerpo, pero no estoy dispuesto a ningunearlo. Aunque el periodismo ciudadano de las redes tenga menos calidad que el periodismo profesional de los medios resulta que es más libre que este y, donde hay libertad, siempre ocurre lo mismo: te topas con lo peor y con lo mejor.

Volvamos al cumple: Hispanidad ha sobrevivido 30 años y piensa sobrevivir muchos más y aunque el mundo ha cambiado y el periodismo no siempre ha sabido adaptarse a esos cambios, hay algo que permanece incólume: los principios. Entendámonos: no hay valores buenos y valores malos, lo que hay son valores frente a salvajadas. Al mismo tiempo, existen tres tipos de hombres: los que tienen valores, los que tienen contravalores y los hombres que se dedican a vegetar.

El ideario de Hispanidad actúa en tres campos: somos cristianos, somos hispanos y somos pequeños.

Cristiano no es el que cree en Cristo, sino el que ama a Cristo. No creemos en un qué, ni tampoco en unos valores cristianos, creemos en un quién, en Jesucristo, que nos ha elevado a la excelsa dignidad de Hijos de Dios. Esa filiación divina es la que nos otorga nuestro pensamiento y nuestro asentimiento, así como nuestra libertad, No somos esclavos de Dios, ni tan siquiera súbditos: somos hijos.

Además, en Hispanidad, por cristianos, nos gusta la verdad que en el siglo XX era lo contrario del progresismo relativista, en el que nada es verdad ni mentira, donde todo depende del color del cristal con que se mira. Pero ojo, en el siglo XXI hemos pasado del relativismo a la Blasfemia contra el Espíritu Santo, ese pecado que no se perdonará ni en este mundo ni en el otro. Y no se puede perdonar porque consiste en llamar mal al bien y bien al mal, verdad a la mentira y mentira a la verdad... no solo piensen en Pedro Sánchez, podrían ponerse otros muchos ejemplos.

Relacionado

En resumen, que en Hispanidad creemos en la verdad porque amamos al Hijo de Dios, que es el camino, la verdad y la vida.

En segundo lugar, en Hispanidad somos hispanos: creemos que la gran gesta de España ha sido la evangelización de América pero, es que, además, creemos que esa evangelización es el episodio más espectacular de toda la historia.

Aún mayor mentira que la ley de Memoria Democrática de Pedro Sánchez, es la admisión de las presuntas barbaridades cometida por los españoles en América, tesis defendida por chifladas del tipo Claudia Sheinbaum, a la sazón de presidente de México, estupideces que que el Rey de España, Felipe VI, ha ratificado, aun con unas prevenciones que no le justifican. Definir la labor, civilizadora y libertadora de España en México con la alusión a 'abusos" (¿Acaso existe algún otra en la historia donde la que no se hayan introducidos abusos?) resulta no falso sino, además, ligeramente repugnante.

Relacionado

En tercer lugar, Hispanidad es un periódico económico ¿Socialista o capitalista? Ni lo uno ni lo otro. Somos distributistas, es decir, partidarios de la propiedad privada correctamente distribuida.

Relacionado

Por tanto, nos gusta lo pequeño, nos gustan las economías familiares, los autónomos, los profesionales independientes, los emprendedores y las micropymes. No nos gusta lo grande: ni las multinacionales ni los gobiernos. Y ojo, el Estado no es malo por ser público, es malo por ser grande... y el hombre más libre es el pequeño propietario.

En general, en Hispanidad nos gusta lo pequeño, como a los 'hobbits', nos gustan la cosas que crecen, las que tienen vida, aunque sabemos que la vida es eso que viene antes de la muerte pero no nos preocupa porque sabemos que la muerte es el preámbulo de la resurrección.

En resumen, que lo pequeño es hermoso y la propiedad privada pequeña es la que hace al hombre libre.

Cristianos, hispanos y pequeños. Así lleva Hispanidad, al menos lo intentamos, 30 años, esperemos que continúe. Si caemos, no será por deslealtad a esos tres principios, que los tenemos muy clarito, sino porque nos ahoguen los partidarios del monopolio mental global, uno de los grandes males de nuestro tiempo.

Bueno, también podemos desaparecer, pero eso no va a pasar mañana... creo.

Por todo esto, la imagen que acompaña este artículo de trigésimo aniversario de Hispanidad es la portada de tres libros cuya lectura aconsejo con vehemencia. El primero es "Hasta el Cielo", del historiador Javier Paredes, que ha vertido en Hispanidad la gran mentira del Sanchismo: que los republicanos de 1931 era unos demócratas que sufrieron la persecución franquista, cuando lo cierto es que fueron ellos quienes asesinaron a católicos por odio a la fe.

Relacionado

"Madre Patria", del también historiador argentino, Marcelo Gullo, sobre la labor de los españoles en Hispanoamérica, la primera globalización, hacedores de la mayor tarea evangelizadora de la historia desde los primeros cristianos.

Relacionado

"La Escuela de Salamanca, cuando el pensamiento español iluminó al mundo", un espléndido resumen de la economía y el derecho internacional vertido por Francisco de Vitoria, creador del derecho internacional así como de lo que podríamos llamar de la economía cristiana, incluso con tintes liberales.   

Relacionado