La entrada de Sidenor en Talgo se entiende ahora mucho mejor, pues no sólo se debió a la presión del gobierno vasco, sino también a la crisis del automóvil. Así ha quedado claro al conocerse que tuvo menores ventas y vio desplomarse un 70% su beneficio en 2024.
Como ven, al tratarse de una empresa no cotizada, sus resultados llegan con bastante retraso, pues ahora ya se están publicando los de 2025, y se han conocido a través de los datos a los que ha accedido Expansión. Las ventas de la siderúrgica vasca en 2024 han descendido un 10,6%, a 838,6 millones de euros, y se han quedado a bastante distancia de los 1.000 millones que facturó en 2022, al tiempo que ha seguido sin superar los niveles preCovid. En todo esto ha influido notablemente la incertidumbre y la crisis de su principal cliente: el sector del automóvil. Por ello, se ha apostado por vender acero también a otros sectores y elevar su diversificación ante la incertidumbre mundial. El presidente de Sidenor, y ahora también presidente de Talgo, el ingeniero bilbaíno José Antonio Jainaga (72 años), ha señalado en la memoria de sostenibilidad: “No queremos depender de un solo sector (automoción); y la decisión de vender acero también a la industria eólica, la minería y el ferrocarril contrabalancea los riesgos de nuestro principal mercado y nos da una protección extraordinariamente eficaz frente a la evolución cíclica del automóvil”.
Por su parte, el resultado de explotación de la siderúrgica vasca ha descendido un 17%, a 26,3 millones. Mientras, el beneficio neto se ha desplomado un 70%, 14,5 millones, debido a la crisis del sector del automóvil y también a ajustes fiscales. Eso sí, prevé que la prórroga a los vehículos de motor combustión en la Unión Europea (la cual es vista como “un error histórico de Europa” por parte de Pedro Sánchez), que ya no se vetarán en 2035, contribuya a mejorar la demanda y mejore sus cifras del segundo semestre de 2025.
Recuerden que Jainaga ha trabajado en Sener, Michelin y Sidenor a lo largo de su trayectoria. De hecho, en esta última empresa fue nombrado CEO en 2005, año en el que el expolítico y empresario vasco Sabino Arrieta la vendió a la acerera brasileña Gerdau por 444,8 millones, todo un pelotazo si se tiene en cuenta que la había adquirido 10 años antes por 13 millones. Más de una década después, en 2016, Jainaga creó su sociedad familiar (Clerbil) y con otros directivos de Sidenor se la compró a Gerdau por 155 millones y puso en marcha el fondo de inversión Mirai. Desde entonces, ha ido creando un grupo industrial a través de la fusión de compañías, aunque no siempre sus planes han salido bien en el sector siderúrgico: pretendió unir a Tubacex, Tubos Reunidos y Olarra, pero no lo logró; y también puso sus ojos en la catalana Celsa que controlaba la familia Rubiralta, aunque sin éxito y vio cómo esta acababa finalmente en manos de fondos de inversión.
En los últimos tiempos, Jainaga ha cobrado relevancia no por vender acero a otros sectores, sino por entrar en el capital de Talgo junto a un consorcio vasco, recuperando así otra empresa para el PNV y el País Vasco, tras Sidenor. De hecho, ese consorcio se ha hecho con el 27,4% del capital del fabricante ferroviario, repartido entre: Jainaga (7,8%), el fondo público vasco Finkatuz (7,8%), la Fundación Bancaria BBK (7,8%) y la Fundación Bancaria Vital (3,9%). Tras ese consorcio, en el capital de Talgo están: Pegaso (9,3%) -sociedad que compartían el fondo Trilantic y la familia fundadora, la familia Oriol, y donde ya sólo queda esta última-, la SEPI -o sea, el Estado español- (7,8%), Torrblas -sociedad de inversión que controla Ana Patricia Torrente Basco- (5%), Torreal -firma de inversión de Juan Abelló- (3,2%), autocartera y capital flotante. Hace unos días, Jainaga se ha convertido en presidente de Talgo, tras la dimisión de Carlos de Palacio y Oriol, poniendo así fin a la era Oriol y dando comienzo a la era PNV… con el dinero de todos los contribuyentes, y no sólo de los vascos.
Y ojo, porque Tubos Reunidos presentará un ERE para sus plantas de Amurrio (Álava) y Trápaga (Vizcaya) por su “compleja situación económica”, que se ha visto agravada por los aranceles de EEUU. Ambas plantas emplean a 1.300 personas y los sindicatos estiman que habría, al menos, 130 despidos si se confirma dicho ERE. En el entretanto, el Departamento de Industria, Transición Energética y Sostenibilidad del Gobierno vasco que dirige el nacionalista vasco Mikel Jauregi ha mostrado preocupación por la situación de Tubos Reunidos y ha advertido que seguirá “de cerca este proceso”. ¿Podría haber otro consorcio público-privado vasco, como el que ha entrado en Talgo, que apueste por Tubos Reunidos? Sólo el tiempo lo dirá, pero no parecería una idea descabellada…
Y por cierto, Tubos Reunidos va peor que Tubacex, aunque esta última ya ha anunciado un impacto negativo de 46 millones en su beneficio de 2025...