Renfe impulsa su internacionalización, ahora en Portugal, para intentar olvidar el creciente desastre ferroviario en España y la pérdida de prestigio del AVE desde que Óscar Puente es ministro de Transportes y Movilidad Sostenible. Ya saben que este último no afronta este gran problema, sino que prefiere dedicar muchas más horas a escribir en la red social X, cargando contra PP, jueces, periodistas y empresas.

En este contexto, el operador público ferroviario vivirá una nueva huelga el próximo 15 de julio, convocada por un sindicato minoritario (el Sindicato Ferroviario -SF-) y en plena operación salida. Se trata de la segunda jornada de paro de 24 horas convocada por dicho sindicato, tras la del pasado 29 de junio, pero no es para protestar por los numerosos problemas, averías e incidencias… sino contra la entrada de un socio en Renfe Mercancías (en concreto, Medway, filial de MSC, que fue elegida para crear una sociedad conjunta con Renfe… que aún no se ha constituido). 

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Se prevé que la nueva huelga conlleve la cancelación de hasta 318 trenes de Alta Velocidad, Larga Distancia y Media Distancia. Desde el Ministerio que encabeza Puente se han fijado unos servicios mínimos de, al menos, el 66% en Media Distancia y del 73% en Alta Velocidad. Cabe recordar que la huelga del pasado 29 de junio tuvo un seguimiento muy reducido (en concreto, del 1,83%), según Renfe. Eso sí, la próxima tendrá lugar el día 15, coincidiendo con inicio y regreso de vacaciones. ¡Qué oportuno el SF!

En paralelo, las penúltimas muestras del desastre ferroviario español se han visto hace unos días en Galicia, cuando un problema en la catenaria en O Irixo (Orense) provocó daños en los pantógrafos de otros servicios, causando retrasos y cancelaciones de trenes que afectaron a cientos de viajeros y llevando a realizar algunos transbordos en autobús. Asimismo, la caída de un rayo sobre un AVE cerca de Zaragoza provocó retrasos en trenes de la línea Madrid-Barcelona.

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Ante el creciente desastre ferroviario, incluyendo un trágico accidente hace casi seis meses que dejó 46 muertos en Adamuz; la Cámara de Comercio de Huelva recomienda evitar el uso del tren hasta que vuelva a la normalidad, por "seguridad"; y la pérdida de viajeros (un 21% menos en Alta Velocidad en el primer trimestre, según la CNMC, sobre todo en los corredores de Madrid-Andalucía y de Madrid-Barcelona; un 32% menos en Media Distancia y un 14% menos en Cercanías); Renfe intenta impulsar su internacionalización. Lo hace a través de varias opciones: el AVE saudí, el operador ferroviario checo Leo Express (del que controla el 50%), Francia… y ante el retraso y la falta de reciprocidad en este país vecino, ahora mira al otro, es decir, a Portugal. El operador público ferroviario español tiene la vista puesta en las conexiones hispano-lusas por alta velocidad, que cuentan con apoyo de la UE al formar parte de su plan de alta velocidad hasta 2040 para triplicar el tamaño de la red y reducir el tiempo de los viajes entre las capitales comunitarias. En 2024 Renfe y su homólogo luso, Comboios de Portugal (CP), firmaron un acuerdo para desarrollar estrategias de explotación conjuntas de cara al Mundial de Fútbol de 2030.

Hasta ahora, se barajan las conexiones de Oporto-Vigo para 2032 y de Lisboa-Madrid para 2034, mientras Portugal está avanzando en la construcción de su propia línea entre Oporto y Lisboa para 2032. Renfe ha firmado la paz con Talgo y le pagará la transformación a rodadura desplazable de 15 trenes Avril de ancho fijo, lo que aumentará su versatilidad y permitiría su circulación en rutas de ancho variable, por tanto, podrían servir para las futuras conexiones hispano-lusas. Hasta ahora, Portugal ha optado por el ancho ibérico en sus vías, mientras España opera en ancho internacional.

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La apuesta por la alta velocidad lusa no es baladí y también se debe a los retrasos y la falta de reciprocidad que nuestro país vive en Francia. Recuerden que nuestro país le abrió de par en par las puertas a Ouigo (propiedad del operador ferroviario francés SNCF), que empezó a operar en mayo de 2021, y sólo ha necesitado un permiso para circular por cualquier vía española. A finales de 2022, SNCF rompió de forma unilateral la empresa conjunta Elipsos que compartía al 50% con Renfe y operaba las rutas de Barcelona-Lyon y Madrid-Barcelona-Marsella. Más de año y medio le costó al operador público ferroviario español volver a operar esas rutas, porque ha necesitado dos permisos distintos, y aún no ha podido llegar a París desde Lyon porque necesita un nuevo permiso y por la demora de la homologación de los trenes Avril de Talgo; y hace meses suspendió sine die el estreno de la ruta Barcelona-Toulouse.

Claro que al caos creciente a nivel ferroviario, en Renfe también se suma otro desastre en lo relacionado con los nombramientos. 

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