Yo no sé si Santos Cerdán, ayer en el Senado, ha roto con el PSOE. Tan sólo ha sido grosero con diputados socialistas pero sigue sin hablar de Pedro Sánchez, a pesar de los insultos de éste, que es quien le ha herido y humillado. Contra Sánchez, le ocurre lo mismo que a Ábalos: síndrome de Estocolmo, pánico a hablar.

Ahora bien, la patética intervención del navarro llegó a la cúspide cuando acusó a la derecha de juicio inquisitorial porque no hablaban de cosas concretas. Tampoco vamos a pedir a don Santos que sepa algo sobre la inquisición, pero sólo recordar que si por algo se distinguía la Inquisición, era precisamente, por preguntar sobre cuestiones muy concretas... como a Cerdán se le preguntaba por las concretas mordidas de los túneles de Belate, etc.

Además, lo primero que olvidamos de la Inquisición es que no juzgaba al ateo o al musulmán, juzgaba al cristiano viejo que, según ellos, había deformado la doctrina. Es decir, juzga a los suyos por herejía, no a los contrarios. 

A Cerdán le juzga el PSOE, y los socialistas del PSOE le dan la espalda porque de otra manera, podría enfadarse el gran líder. Es un panorama ligeramente triste.