Como el gorrión,
que su casa encuentra,
mi alma de gozo se estremece.
Como la golondrina en su nido,
en tu fuego se consume.
La causa eres Tú, que sigues vivo,
de ese fuego que me abrasa,
de ese gozo que conmueve.
Y en él, tu fuerza hallo
para caminar, hacia tus atrios
con vigor y presteza.
Dónde tus amorosos brazos me esperan
en el umbral, el cual alcanzar anhelo,
y donde un día vale más,
que mil de ellos fuera.










