Por su función de cortina de humo y de chivo expiatorio, resulta ya hasta cansino lo de echar mano del comodín del franquismo por parte de los herederos de aquellos que llevaron a España al borde de la catástrofe, provocando la intervención del general que les venció, junto a la mitad al menos de españoles que le siguieron en la rebelión cívico militar de julio de 1936. Y es que no sólo se trataba defender la integridad e independencia de España, sino también de salvar sus propias vidas, ya que estaban condenados a morir como conejos a mano de los «amantes de la humanidad y libertad de los pueblos». Una España donde llegó a existir un odio genocida anticatólico tan terrible, que poseer una simple estampa religiosa podía constituir una inapelable sentencia de asesinato. Que de esto se haya olvidado también una parte importante de la jerarquía eclesiástica, sin atreverse a defender a quienes, no sólo sacrificaron por ellos sus vidas, sino que además restauraron sus iglesias y edificios, les devolvieron sus bienes y les entregaron la educación religiosa y moral de todos los niños y jóvenes españoles, no dice nada santo de dichos jerarcas.
Y dentro de la apelación al comodín del franquismo, uno de los elementos que suele invocarse como ejemplo de instrumento de opresión ideológica de sus Gobiernos, es la imposición de una asignatura obligatoria (FEN: Formación del Espíritu Nacional) que constituiría por sí misma una manifestación de la más terrible dictadura. Pero esto es algo que en absoluto cuadra con la realidad, porque, o la dictadura franquista tuvo muy poco de dictadura o eran muy tontos los que hacían los contenidos de una asignatura que formaba parte de las denominadas «tres marías», junto con la gimnasia y la religión, que aprobábamos sin necesidad de tener conocimiento siquiera de lo que sucedió en la guerra civil, ni de odios entre fachas y rojos, ni de buenos y malos, ni de los crímenes de Paracuellos y las chekas realizados por aquellos asesinos «héroes antifascistas» cuya blanqueada memoria pretenden imponernos como única verdad histórica. Y no teníamos conocimiento de todo eso porque todo eso no formaba parte de los contenidos de los manuales de FEN; lo que explica la mucha ignorancia imperante sobre todo eso entre quienes nos educamos con aquella terrible asignatura en la que por norma general se eludía el odio cainita y se nos educaba en un futuro mejor para todos los españoles y en una España grande y libre: una invocación cuasi prohibida hoy, bajo un Gobierno sostenido por la corrupción y por declarados enemigos de la unidad de nuestra nación.









