Las estadísticas han sustituido a la vida y los datos, a la realidad cotidiana. De poco sirve que, muchas veces, los números escondan trampas. Conocedores de esta verdad, los gobiernos utilizan estadística y datos para su provecho.   ¿Cuántos pobres malviven en España? Algunas estadísticas dicen que ocho millones. Pero todo depende de quien utilice el dato, con qué se compare y la cantidad donde se ponga el límite. A una pregunta similar responden el economista Michael Cox y el periodista Richard Alm. Por ejemplo, si queremos medir el bienestar, lo adecuado es el consumo, no la renta. No son lo mismo, especialmente entre los pobres. La tasa de pobreza dice cuántos tienen ingresos bajos, no qué pueden comprar. Visto así, las familias con renta baja gastan más de lo que ingresan. ¿Cómo es posible? Muy sencillo. Muchas perciben ingresos complementarios a través de la asistencia social, subsidios de paro, escolarización y atención médica gratuitas, casas de protección oficial, subvenciones directas y otras ayudas. Las estadísticas de pobreza no contabilizan nada de esto. Ni tienen en cuenta el patrimonio, que puede ser más importante que los ingresos corrientes. Los trabajadores en paro temporal no perciben salario, pero suelen disponer de ahorros. Aunque muchos pensionistas tienen bajos ingresos, cuentan con ahorros y tienen pagados sus casas, coches y muebles. Los pobres españoles han ido teniendo acceso cada vez a más bienes. Las estadísticas oficiales muestran que las familias de renta baja poseen muchos artículos que se consideran propios de la clase media: móvil, lavadora, secadora, horno de microondas, televisión, vídeo, un coche. Sin duda, algo que no les ocurre a los pobres de la India o de África.  Clemente Ferrer Roselló clementeferrer@yahoo.es