El Gobierno Maragall (terminado en 'll', no en 'l': los nacionalistas catalanes afirman que los españoles no saben pronunciar el nombre de su presidente, y esto es importante) empieza a ser motivo de chiste también en Cataluña. No sólo por la contratación de la familia de Maragall y la familia de Carod-Rovira, sino por otros detalles que anuncian grandes gestas. Por ejemplo, la consejera de Cultura, médica procedente de Barcelona, Caterina Mieras, del PSC, representante de la cuota femenina, cuyas geniales ideas sobre eso, sobre la cultura, hacen temblar a todos los cultos. Su premio más logrado se lo otorgó la Federación de Mujeres Progresistas, y es la responsable última de la exposición "Me cago en dios" (eso sí, en catalán), que tuvo que ser retirada a toda prisa cuando dos patrocinadores, Cajamadrid e Iberia, amenazaron con retirar la subvención si persistían en ello (por cierto, otro de los patrocinadores, el grupo editorial de Jesús Polanco, no dijo esta boca es mía. Estaba con la libertad de expresión). O el consejero de Trabajo e Industria, Josep María Rañé, también PSC, un sindicalista que considera que el mejor rico es el que está colgado de un poste. Duro entre los duros, para Rañé, Marcelino Camacho y Agustín Moreno vendrían a ser edulcorados aburguesados de los que mean colonia. Es de los que van a templar las relaciones laborales en Cataluña, no cabe duda.

La perla más llamativa es el nuevo director general de Deportes de la Generalitat, Rafael Niubó, un espíritu integrador empeñado en que el Español no se marche de Barcelona a Cornellà. Y es que el Español es un equipo que no gusta en Barcelona, sólo por el nombre.