Sr. Director:

Meter en la Constitución el techo del déficit de las Administraciones Públicas es, a todas luces, un recurso extremo al que se ha visto obligado el Gobierno, después de casi ocho años de despilfarros y de poner en peligro la estabilidad del euro
En otro momento hubiera bastado una ley, como la del anterior gobierno de José María Aznar, que impuso el déficit cero para sacar al país del marasmo económico que ya lo había metido su antecesor Felipe González. Lo que ocurre ahora es que la escasa credibilidad de Rodríguez Zapatero ante sus pares europeos y, sobre todo, ante los mercados, han impulsado de nuevo a Francia y Alemania a obligarnos a esta nueva decisión que, en cierto modo, corre el riesgo de abrir la caja de Pandora de otras reformas constitucionales.

No resulta baladí, a este propósito, el movimiento social que ya se ha puesto en marcha para exigir que la reforma anunciada por Zapatero sea sometida a referéndum. Lo lamentable del caso es que el Gobierno en pleno y muy en especial el candidato socialista Pérez Rubalcaba, apoyen ahora, sin reconocimiento alguno de culpa, una medida de la que se habían burlado cuando el líder de la oposición la propuso hace un año como una manera de forzar al ejecutivo a sentar la cabeza. Y como este Gobierno agonizante nunca llega a colmar la medida de su estulticia, ni siquiera ha tenido el valor el presidente Zapatero de admitir que Rajoy tenía razón y que lo que ahora se hace in extremis pudo hacerse en un marco de consenso mucho antes. Claro que para eso hace falta una grandeza de la que carece.

Jesús Martínez