Buena parte de la programación actual podría llevar a pensar que calidad y éxito son dos nociones casi antagónicas, pero se prueba que hay espacios que recrean, que educan, que informan y que hasta son rentables.

 

La televisión ha acabado con el cine, el teatro, las tertulias y la lectura. Ahora tantos canales terminan con la unidad familiar, afirma Antonio Mingote.

La televisión es la violación de las multitudes, afirma Jean François Revel.

Sin embargo, la serie Farmacia de Guardia, supuso la incorporación progresiva de la ficción a las parrillas generalistas. El último capítulo titulado La voz de la noche marcó un hito televisivo: obtuvo un 62,8% de share que equivale a más de 11,5 millones de espectadores.

Seis, ocho, once millones de espectadores. Estas cifras son las que nunca pudo soñar ningún director teatral o novelista, y menos aún Esquilo, Sófocles o Eurípides, afirmó Fernando Fernán Gómez.

La dependencia de las personas de la televisión es el hecho más destructivo de la civilización actual, afirma Robert Spaemann.

Hay programas que trascienden las fronteras entre géneros, Pekín Express es uno de ellos: nacido de la fusión del reality de aventuras y el concurso de pruebas de habilidad. El componente de reality que contiene este programa dista en el fondo y en la forma del morbo gratuito de otros espacios como el trivial Gran Hermano.

También, Planet Earth, es un sorprendente documental que transita los distintos ecosistemas del pequeño planeta azul. Empezó en el primer canal de la BBC y logró un sonoro éxito de audiencia, con una media de más de 11 millones de televidentes por episodio. La crítica aplaudió su emisión y alabó, entre otras virtudes, su lujosa fotografía, en alta definición, y su gran espíritu didáctico. Asimismo se emitió Pekín Express en más de 130 países, habiendo cosechado los más importantes premios del sector.

Donde funciona un televisor, seguro que hay alguien que no está leyendo, afirma John Irving. (Fuente: Nuestro Tiempo)

Clemente Ferrer

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