El socialista Pedro Sánchez ha convertido España en el coladero de inmigrantes (sobre todo, de marroquíes, a los que ya no les basta con entrar a poquito a poco, sino que han pasado a la invasión, como vivió Ceuta el 30 de julio y aún sufre las consecuencias). Y al mismo tiempo e igual de peligroso, nuestro país se ha convertido en un coladero de empresas chinas, especialmente tecnológicas y automovilísticas.
Todo esto no es baladí y menos teniendo en cuenta el contexto de horas bajas que vive Sánchez en el Gobierno y en el PSOE: no le va bien en las encuestas y ni siquiera sumando con el bloque de investidura lograría la mayoría absoluta; se afianza el ministro Óscar Puente como su sucesor tras su ataque público al rey Felipe VI; lleva años sin aprobar Presupuestos Generales del Estado (PGE) y prorrogando los de 2023, y espera sacar unos nuevos este año, pero todo dependerá de lo que dé a sus socios (sobre todo, a los nacionalistas catalanes de ERC y Junts; a los nacionalistas vascos de PNV; y a los proetarras de EH Bildu). Además, cada vez los españoles somos más pobres, la inflación y la deuda pública continúan al alza, y el Sanchismo sigue extendiendo el reparto de la miseria.
A todo lo anterior se suma la grave crisis que vive Ceuta, tras la invasión, pero Moncloa ‘pasa’ de Bruselas, que le ordena devolver a todos los que entraron ilegalmente, incluso los menores, y se va a traer a niñas a la Península, mientras las feministas socialistas y comunistas guardan un espantoso silencio ante las 15 jóvenes y niñas violadas, por ahora, por parte de los invasores. Pero Sánchez sigue plegándose al chantaje de Mohamed VI… y disfrutando de sus vacaciones en La Mareta.
Un contexto que no es baladí y el gigante asiático sabe aprovecharlo, pues considera a nuestro país como plataforma para colonizar Europa. Recuerden que hace años intentó hacer lo mismo cuando CTG entró en la energética portuguesa EDP y pretendió hacerse con ella, pero fracasó en su OPA y Bruselas empezó a mover los hilos para proteger las empresas estratégicas. Sin embargo, los chinos se han mantenido como el primer accionista de EDP (con una participación que hoy es del 22%) y por tanto, también de su filial verde, EDPR.
Ahora lo más reseñable es la colonización china a través del automóvil, con 40 marcas vendiendo ya en nuestro país y ninguna fabricando aquí desde cero. De hecho, por ahora, predominan las alianzas (Stellantis lo ha hecho con Leapmotor y Dongfeng, y Ford con Geely) y Chery (dueño del 40% de la marca Ebro, pues el 60% restante es de la española EV Motors) ha optado por ensamblar piezas que fabrica en China en la planta de la Zona Franca de Barcelona. Y ahora laa marca china MG, que vende mucho aquí, ha anunciado una fábrica en Ferrol, que empezará ensamblando y luego pretende fabricar desde cero, pero el Ministerio de Defensa y el CNI han advertido de que tiene riesgos para la seguridad nacional.
No hay que olvidar a Huawei, porque a pesar de las reticencias de Washington y Bruselas, Moncloa y algunas telecos mantienen contratos con dicha tecnológica china. Cabe recordar que durante el primer mandato de Donald Trump (enero de 2017 a enero de 2021), fue llamado al Pentágono José María Álvarez-Pallete, siendo presidente de Telefónica (cargo que mantuvo hasta que en enero de 2025 tuvo que dejarlo en manos de Marc Murtra, quien había salido previamente de Indra), para hablar sobre Huawei, después de que Canadá hubiera detenido a la hija de su fundador, a instancias de EEUU, en diciembre de 2018.
Ni en Washington ni en Bruselas ha gustado Huawei, pero no así en España, donde contaba con José Luis Rodríguez Zapatero (ahora imputado) como delegado comercial y su amistad con Javier de Paz ha facilitado las relaciones con Telefónica, aunque en su momento se llegó a echar a un directivo por sus vínculos con Huawei. Desde Bruselas, se ha intentado apostar por la finlandesa Nokia y la sueca Ericsson, pero España ha seguido haciendo contratos con la china Huawei: desde el Gobierno, por ejemplo, a través del Ministerio de Transformación Digital y Función Pública que lidera Óscar López; y también desde el sector de telecomunicaciones, de hecho, hace unas semanas, Telefónica, Orange, Vodafone y otras telecos denunciaron que el veto a Huawei costará hasta 64.000 millones de euros; y encima, la gala Orange veta a Huawei en Francia mientras al mismo tiempo estudia prorrogar los contratos en nuestro país con la tecnológica china. Además, hace unos meses, el embajador estadounidense en España. Benjamín León, advirtió a Telefónica y al Gobierno sobre el peligro de Huawei,... pero siguen sin hacer ningún caso.
Ahora aterriza aquí, desde el gigante asiático, el fabricante de fibra óptica Hengtong Optic-Electric CO, que abre sucursal en Madrid, según informa The Objective. Se trata de uno de los tres mayores fabricantes de fibra óptica del mundo, nada más y nada menos, y que está dentro de la lista negra de EEUU. Ahora abre oficina en la capital, pero ya estaba presente desde hace diez años, cuando compró la compañía aragonesa Cablecom. Un nuevo aterrizaje con oficina que se produce meses después del realizado por la ingeniería China National Chemical hace unos meses.
Y en paralelo, se conoce que Nokia se va (¿o le echan?) de China. ¿Casualidad? Por supuesto que no, y muchísimo menos si se recuerda al poeta, dramaturgo, filósofo e historiador alemán Friedrich Schiller, quien defendía que las casualidades no existen. Se trata de un adiós por fases en los próximos meses para cerrar sus instalaciones y prescindir de sus empleados (7.200 entre China continental, Hong Kong y Taiwán al cierre del año 2025). Desde Nokia se ha aludido a que no puede hacer frente a sus competidores chinos y por eso ha decidido irse del gigante asiático, en el que lleva casi 40 años presente y que llegó a ser su primer mercado. Un adiós que suena algo extraño y lleva a plantearse si en realidad no haya sido el país que dirige Xi Jinping el que haya invitado a la tecnológica finlandesa a salir.