Esta semana, la energía nuclear ha cobrado un gran protagonismo, sobre todo, por el cambio de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europa, que ha tachado de “error estratégico” del viejo continente al alejarse de dicha energía (en 1900 aportaba un tercio de la electricidad y hoy sólo el 15%), y ha defendido que vuelva a convertirse en líder mundial de la misma, apostando por reactores tradicionales y reactores modulares pequeños. Sin embargo, Sara Aagesen insiste en su caradura, en hacer oídos sordos y en ir a contracorriente no sólo frente a Von der Leyen, sino frente a los 38 países que quieren triplicar la capacidad nuclear de cara a 2050.

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La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico mantiene sin cambios el calendario de cierres de las centrales nucleares españolas y dice que sólo Almaraz ha pedido prórroga hasta 2030 (asunto sobre el que está elaborando un informe el Consejo de Seguridad Nuclear -CSN-). Pero por si eso no fuera bastante, encima ha señalado que el Gobierno no ha hecho nada, sino que “es lo que han querido hacer las eléctricas”. Ojo, olvida que hoy el contexto es muy distinto al de 2019, cuando se pactó dicho calendario, y que la guerra de Ucrania que estalló el 24 de febrero de 2022 y la fuerte crisis energética que generó, así como el actual conflicto de Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz, han puesto en valor la importancia de la autonomía y la soberanía energética, aspectos en los que también contribuye la nuclear.

Curiosamente, Aagesen ha recibido apoyo de su predecesora, Teresa Ribera, que desde que es vicepresidenta europeo ha dado un giro en su postura sobre la nuclear e incluso se ha mostrado a favor de impulsarla y financiarla en la Unión Europea. Eso sí, tras el cambio que ha dado Von der Leyen, Ribera se ha desmarcado de su jefa y le ha recordado que “no puede intervenir en la política energética” de los 27 Estados miembro de la UE y que cada uno define su mix eléctrico.

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Von der Leyen refirió el citado “error estratégico” en París, en la segunda cumbre mundial sobre energía nuclear que han organizado Francia y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Una cita donde el presidente francés, Emmanuel Macron, ha ejercido de anfitrión y ha recordado que la nuclear genera el 68% de la electricidad de su país a través de 57 reactores y esta energía “es profundamente segura” y “una pieza fundamental en la transición energética”. Dos días después, Macron presumió de que cuentan “con la mayor flota de centrales nucleares del mundo en relación a nuestra población” y de que en 2022 anunció el relanzamiento de “nuestra ambición nuclear” y ahora lo han logrado porque se construirán seis nuevos reactores en Penly, Gravelines y Bugey. De esta forma, continuarán cumpliendo el objetivo de “producir más electricidad en Francia para reforzar nuestra soberanía energética y apoyar nuestra reindustrialización”.

En la citada cumbre mundial, China, Brasil, Italia y Bélgica se han sumado a la declaración para triplicar la capacidad nuclear mundial para 2050. Dicha declaración surgió en la Cumbre del Clima (COP) número 28, celebrada en Dubái, gracias al compromiso de 25 países; en la COP29 que tuvo lugar en Bakú se adhirieron otros seis países; a los que han seguido otros y ahora se han unido cuatro más, alcanzando 38. Y estos son: Armenia, Bélgica, Brasil, Bulgaria, Canadá, China, Croacia, República Checa, El Salvador, Finlandia, Francia, Ghana, Hungría, Italia, Jamaica, Japón, Kazajistán, Kenia, Kosovo, Moldavia, Mongolia, Marruecos, Países Bajos, Nigeria, Polonia, Rumania, República de Ruanda, Senegal, Eslovaquia, Eslovenia, Sudáfrica, Corea del Sur, Suecia, Turquía, Ucrania, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Reino Unido y EEUU. Lástima que España aún no haya rectificado su calendario de cierres ni se haya incorporado a la citada declaración, prefiriendo repetir el mismo error que Alemania y que así ha calificado el canciller alemán, Friedrich Merz

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Las centrales nucleares españolas se han reivindicado con unos resultados muy buenos en 2025 y dan tranquilidad en conflictos como el que se vive ahora en Irán. Desde el Gobierno, el director de la Oficina de Asuntos Económicos y G20, Manuel de la Rocha, ha señalado que España está en mejor situación que el resto de países porque su exposición directa a las materias primas energéticas de la zona afectada es muy baja (en torno al 2% en el caso del gas y del 5% en el petróleo) y sus proveedores están muy diversificados, y la apuesta por la transición verde ha permitido tener unos precios de la electricidad un 20% más bajos que los países del entorno. Eso sí, se espera un precio en los precios y el ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, ha avanzado que habrá medidas fiscales para limitar la subida del precio de la electricidad. La vicepresidenta tercera, Sara Aagesen, ha añadido que dentro de esas medidas está sobre la mesa, una posible rebaja del IVA de la electricidad.

Respecto al petróleo, Josu Jon Imaz, CEO de Repsol, apuntó al presentar la actualización de la estrategia 2026-2028 a los inversores que nuestro país no tiene una “exposición directa” a la región afectada por la guerra de Irán. Asimismo, subrayó que “el suministro de crudo y carburantes de España y Portugal está garantizado”. Además, apuntó que, por ahora, el impacto de la guerra en Irán es menor al del conflicto en Ucrania. Eso sí, en los precios de la gasolina y el diésel ya se ha notado el encarecimiento del petróleo (el barril de Brent -de referencia en Europa- está ya en 100 dólares). La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha acordado la liberación de 400 millones de barriles de las reservas (España liberará 11,5 millones de barriles) y EEUU ha sorprendido, y disgustado, a Europa al desbloquear la compra de petróleo ruso... para compensar, en parte, el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de los iraníes. 

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En relación al gas, España también puede estar tranquila. Joan Batalla, presidente de la Asociación Española del Gas (Sedigas), ha afirmado que “la exposición directa del gas del estrecho de Ormuz es prácticamente nula en 2025 y nula en lo que va de 2026” y que Catar, que ha parado su producción de gas natural licuado (GNL), supuso menos del 2% del gas que llegó a España en 2024 y este año aún no ha enviado nada, y que destina el 90% de sus exportaciones a Asia (en especial a China, Japón y Corea del Sur). Batalla ha recordado que nuestros principales proveedores de gas son EEUU y Argelia, que aportan un 34% cada uno; seguidos de Rusia (12%) y Nigeria (7%).

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Desde Sedigas hay tranquilidad por la singularidad de nuestro país, pero también prudencia por la incertidumbre sobre la duración del conflicto, y de momento “no estamos en la situación de 2022”, aunque se están monitorizando los efectos indirectos que puede haber en precios y en costes de los fletes. Entre las razones para la calma, están las siete plantas de regasificación que hacen que España acapare el 25% de la capacidad de regasificación europea y dichos activos contribuyen a la seguridad de suministro, al suministro eléctrico, la descarbonización y sostenibilidad, así como al reto de la soberanía y la autonomía energética. Asimismo, nuestro país representa más del 30% de la capacidad de almacenamiento de GNL que tiene Europa gracias a sus almacenes subterráneos y a los tanques de GNL (“una peculariedad que da flexibilidad para cumplir obligaciones comunitarias sobre almacenamiento subterráneo y minimizar el impacto sobre el consumidor final”, ha explicado el presidente de Sedigas). A esto se suma que ahora tenemos un nivel de llenado superior a la media europea (30%), pues en los almacenes subterráneos es del 56% y en los tanques de GNL alcanza el 52%. Además, nuestro país exporta gas al resto de la UE.