Una vez más, asistimos a una nueva lección en materia de transición energética por parte del católico Josu Jon Imaz, CEO de Repsol, tras la ofrecida en la última Junta de Accionistas, Ahora ha advertido a Europa que “el cambio climático no se combate mermando la competitividad y con una regulación excesiva”, invitando a ofrecer una respuesta “más amplia y pragmática” que se base en la neutralidad tecnológica, en la presentación de la publicación ‘Energía y Geoestrategia 2026’.

El CEO de Repsol ha recordado que hace dos años, en este mismo evento, aludió al bloqueo del Estrecho de las Lágrimas por parte de los hutíes, y que la última edición de ‘Energía y Geoestrategia’ se cerró antes de que se produjera el bloqueo del Estrecho de Ormuz, un nuevo cuello de botella. Ha referido que estamos ante “una nueva crisis de suministro en Europa y parece que no aprendemos” a la vista de la respuesta que se ha dado, subrayando que el 97% de los transportes depende de los hidrocarburos y ese porcentaje no va a bajar en décadas”. “El deber de las autoridades es garantizar la seguridad de suministro y la energía a los ciudadanos”, ha añadido.

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Para ello, Imaz considera que “acelerar la electrificación y el despliegue de renovables tiene sentido, pero en absoluto resuelve los problemas de hoy ni de las dos próximas décadas”. Vuelve a defender la importancia de “apostar por la energía y la reindustrialización” y que la respuesta de Europa sea “más amplia y pragmática, apostando por electrones verdes y moléculas verdes, pero también por energía nuclear, petróleo, gas, combustibles renovables, etc.”. En definitiva, una apuesta por “todas las tecnologías porque el verdadero riesgo hoy es geopolítico y económico”. Y no hay que olvidar que no es la primera vez que ha defendido la nuclear, pues ya lo hizo, en otras ocasiones, por ejemplo, 

El primer ejecutivo de Repsol ha invitado a que se mire a la cuenca atlántico como pilar de la seguridad de suministro, en especial, a países como Canadá, Brasil, EEUU y Venezuela. También ha invitado a tener en cuenta a Libia y Argelia, que “siguen sin tener el reconocimiento que merecen” en el ámbito energético y en el combate contra el terrorismo en el norte de África. Asimismo, ha referido que el gas extraído con fracking en EEUU “salvó a Europa en la crisis energética surgida de la guerra de Ucrania” y ha criticado que muchos países han limitado la producción y la exploración de hidrocarburos, pero “seguimos necesitando de ellos (suponen el 70% de la matriz energética) y estamos aumentando la dependencia, sin reducir emisiones en el mundo”. Y cree que hay que mirar a Noruega, con su estabilidad regulatoria, o al potencial gasista de Chipre, que podría ser un proveedor relevante de Europa, pero ese gas se va a procesar en Egipto.

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Imaz ha insistido en que es clave hacer “un ejercicio de realismo” en la transición energética y en especial, en la seguridad de suministro, donde “el sector de refino es crítico, pero no se ha incluido en la agenda de competitividad de la Unión Europea”. Ha recordado que los combustibles líquidos “aportan el 97% del suministro del transporte, el 50% de las materias primas de la industria química y son un pilar insustituible en el ámbito de la defensa”, añadiendo que “sin combustibles no hay defensa”. Al hilo de esto, ha subrayado que Repsol, Moeve (antes Cepsa) y BP apostaron por sus refinerías, pero el resto de Europa no y cerró 35 refinerías, perdiendo el 20% de su capacidad de refino. Por la apuesta de esas tres energéticas, “el turismo español está protegido en estos momentos y con menos preocupación sobre la falta de queroseno”, por lo que “es momento de que Europa y España reconozcan el refino como una industria clave”, ha apostillado. Y es que para Imaz, “la transición energética solo será viable si es también seguridad” y para ello hay que apostar por “más tecnología y menos ideología”.