En la Ciudad de México se congregaron los Ministros de Salud y Educación para frenar la pandemia del sida, en Latinoamérica y el Caribe.

En el evento, delegados del área caribeña acordaron introducir la abstinencia antes del matrimonio y la fidelidad después de los esponsales, como fórmula para luchar contra las enfermedades de transmisión sexual; la propuesta fue rechazada para favorecer la difusión del preservativo.

¿Por qué las trabas a la abstinencia y la fidelidad, como forma de combatir la plaga de las infecciones sexuales, cuando es un método seguro? La respuesta se encuentra, no en las interioridades de la política hospitalaria, sino en el enfoque de la sociedad sobre sí misma y su adolescente población.

A lo largo de la historia el ser humano ha educado a sus hijos en la disciplina de modo que se tornaban en personas adultas. Sin embargo, durante los últimos años, la sociedad ha preparado a sus hijos para que sigan siendo adolescentes, incapaces de fortificarse como hombres. siendo adolescentes, incapaces de fortificarse como hombres.

Esto se evidencia en el comportamiento de los muchachos que son mezquinos, guiados por arranques hacia la pesquisa del deleite individual. En los chavales ya no sirven los cachivaches, sino las drogas; ya no sirven los esféricos, sino el alcohol; ya no sirven las golosinas, sino el sexo. ¿Quiénes ganan? Los fabricantes de condones, los traficantes de narcóticos y las destilerías etílicas, que se enriquecen con el apasionamiento sexual.

De ahí el error de los Ministros de Salud y Educación al obstaculizar el impulso de la abstinencia antes del matrimonio y la fidelidad después de los esponsales, porque su interés real no es la felicidad de los adolescentes, sino apartar de ellos todo tipo de equilibrio personal. Propagan el preservativo y la píldora del día después, porque estos hábitos ofrecen placer sin consecuencias, mientras que la abstinencia y la fidelidad exige disciplina y arrojo, que la juventud actual rehúsa.

Alguien dijo que Dios perdona siempre, el hombre algunas veces pero la naturaleza, nunca. Y la resistencia de la naturaleza es sólo debido a que, al preservar sus leyes, sabe que las cosas marchan mejor.

Clemente Ferrer

[email protected]