El ministro de Exteriores españoles, José Manuel García-Margallo (en la imagen), se ha ofrecido como mediador entre Nicolás Maduro y Henrique Capriles, es decir, mediador en el pucherazo chavista acaecido en Venezuela.

Y entonces va el bolivariano Maduro y le dice de todo menos bonito. Que saque sus narices de Venezuela. Ya antes había apostado por represalias políticas y comerciales, ante las dudas españolas sobre el escrutinio. Serán nuevas represalias, porque lo cierto es que las represalias políticas que pueda adoptar el demagogo de Caracas consiste en seguir acogiendo etarras, por ejemplo, de Iñaki de Juana Chaos, y las económicas pueden afectar a empresas como Repsol o Telefónica, sobre todo la primera, pues el Orinoco se ha convertido en una de las reservas petrolíferas más prometedoras del planeta.

Es igual: Occidente vive el chantaje económico de un sinfín de dictaduras, desde China a Arabia Saudí pasando por Venezuela (de acuerdo, en este caso, dictablanda chapucera). Pero, oiga, alguna vez habrá que decir basta. Margallo ha hecho bien. Siga así.

Algún día, además, habrá que abordar el otro chantaje, el de los secuestrados occidentales en país de Asia y África. Y es que los principios hay que dejarlos donde están, y no moverlos al compás de los intereses comerciales. La globalización de la dignidad humana es más importante que la globalización comercial.

Eulogio López

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