Nuestra diputada más alegre y regocijante, la socialista Carmen Montón (en la imagen), de profesión feminista y de afición librepensadora, la más risueña de todo el hemiciclo, la que se nota que lo siente, atribuyó al ministro Gallardón, el ministro del abortito, afición al creacionismo, es decir, lo de los curas, y aversión al evolucionismo, es decir, a la verdad científica.

Oiga, y estaban hablando de aborto; es decir, que si eres abortista, eres progresista científico y evolucionista. Si no…

La verdad es que ni evolucionismo ni creacionismo tienen nada de científicos. El primero porque no se puede medir; el segundo porque la creación no es ciencia, es simplemente, pensamiento, filosofía y hasta evidencia. Pero, en cualquier caso, pasar de evolucionismo a abortismo supone incidir en algo más grave: no nos hemos vuelto cientificista, nos hemos vuelto idiotas.

El creacionismo puede dar razón de la existencia, el evolucionismo simplemente nos cuenta cómo se ha desarrollado, pero nada tiene que aclarar respecto al origen, tanto de lo orgánico como de lo inorgánico, tanto de la materia como del espíritu. Y ni lo uno ni lo otro tiene mucho que ver con el aborto.

gallardon¿O qué es lo que ocurre ¿Que si no crees en un Dios creador sino en la evolución, debes alentar el homicidio abortero ¿Qué tendrá que ver la gimnasia con la magnesia Y es que la mentalidad abortista es justamente eso: el punto último y más desquiciado del pensamiento modernista. O más bien, de la ausencia total del pensamiento de la modernidad.

Chesterton lo explicaba así: "Descartes decía: 'Pienso, luego existo'. Y el filósofo evolucionista, volviendo el epigrama por negativa, asegura: 'No existo, luego nada puedo pensar'".

Descartes no pensaba en Carmen Montón cuando recibió estas palabras, pero es que Chesterton era un caballero. Pero lo grave es que la macedonia mental de Montón y demás progresistas, pelín homicidas -lo digo por lo del aborto- me lleva a re-sospechar que la modernidad nos ha llevado al fin del pensamiento. Es como si ya no nos quedaran preguntas para formular y hasta los diputados se entretienen como contradicciones en sus propios términos o, más bien, con sosería de grueso calibre.

Hilaire Belloch ya aludía a esta etapa del no-pensamiento hace cien años, cuando tranquilizaba los ánimos de los amigos del sentido común: "No os alarméis ante el desarrollo probable de energías que ya están en términos de disolución, os lo ruego. Habéis equivocado la hora de la noche: "Ya estamos en pleno amanecer".

Que quiere decir:

1.- La evolución, como el relativismo, como el progresismo mental, ha acabado en lo que era: en la nada. Como puede verse en Carmen Montón y demás colegas del aturdimiento mental.

2.- Que el aborto parezca imparable no significa que lo sea ni que, como tal simpleza homicida, no vaya a darse de bruces con la realidad en breve plazo. Bastará con que alguien grite: "¡El emperador va desnudo!". Y entonces, hasta Montón, si no se ha vuelto sorda, se llevará las manos al cogote y admitirá: "¡Pero qué estúpida he sido!".

No, Gallardón no admitirá eso: Gallardón el tibio, al contrario de Montón, probablemente exhalará: "¡Qué papelón el mío! ¡Ahora, toda España me está viendo el plumero!".

Eulogio López

[email protected]