En la política española, desgraciadamente, se ve demasiado cómo se utilizan las tragedias, y no sólo para sacar rédito político y desgastar al rival, sino también para manipular e influir en la opinión pública. La práctica se ha visto en los últimos años, especialmente en Moncloa, pero no siempre le ha salido bien al Gobierno Sánchez.

Es cierto que Pedro Sánchez se valió el apodo del ‘galgo de Paiporta’ por su huida de dicho municipio valenciano durante la visita que realizaba con los Reyes y Carlos Mazón, entonces presidente de la Comunidad Valenciana, tras la trágica DANA del 29 de octubre de 2024. Mientras Felipe VI, Letizia y el pepero Mazón permanecieron, manchándose de barro y aguantando las quejas de los vecinos. Claro que a pesar de dicha huida y de la lentitud en el cobro de las ayudas, Sánchez ha logrado no sólo división entre las víctimas -la Asociación de Víctimas Mortales DANA 29-O (liderada por Rosa Álvarez), la Associació de Víctimes Dana 29 d’octubre de 2024 -presidida por Mariló Gradolí) y la Asociación de Damnificados DANA Horta Sud -liderada por Christian Lesaec- son las mayoritarias, pero hay otras más pequeñas) sino también rédito político porque Mazón dimitió poco más de un año después de la DANA.

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Sin embargo, y afortunadamente, Moncloa no está consiguiendo lo mismo con el trágico accidente ferroviario ocurrido en Adamuz el pasado 18 de enero y que dejó 46 muertes. Su primer revés lo recibió cuando intentó celebrar un ‘funeral de Estado’ (una nueva exhibición masónica, como hizo con las víctimas del Covid y de la DANA) para demostrar que España había dejado de ser católica, pero se encontró con la oposición de las víctimas de Adamuz y la gran fe católica de Huelva, que le recordó al Gobierno Sánchez que “en Huelva el dolor no se gestiona, se le reza a Dios y a la Virgen” y que “no se puede hacer un funeral laico” porque “es tierra mariana”.

De esta forma, hubo múltiples funerales católicos, sin que Moncloa pudiera impedirlo, entre ellos: uno en Adamuz, donde el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, recordó que Dios estaba también en el lugar del accidente, aunque los sacerdotes no pudieron administrar los últimos sacramentos; otro en Málaga; aunque el que tuvo más eco fue de Huelva, al que asistieron los Reyes, familiares de las víctimas, así como autoridades civiles (entre ellas, el presidente andaluz, el pepero Juan Manuel Moreno Bonilla, y la que será su rival socialista en las elecciones autonómicas del 17 de mayo, María Jesús Montero, que en aquel momento aún era vicepresidenta primera y ministra de Hacienda; mientras que el ministro Óscar Puente estuvo ausente y le interesó mucho más ir semanas después a los Premios Goya) y eclesiásticas. En el funeral de Huelva, destacó el discurso de Liliana Sáenz, que perdió a su madre en el trágico accidente ferroviario, días después de que su hermano Fidel Sáenz dijera que su madre iba rezando el rosario en el tren y ya estaba gozando con “el Amor de su vida: Jesús de Nazaret”.

Moncloa acaba de recibir otro revés por la tragedia de Adamuz: las víctimas no se han dividido sino que se han agrupado en la Asociación Víctimas Descarrilamiento Adamuz que preside Mario Samper. Precisamente, dicha asociación ha salido decepcionada de la reunión con el presidente de Adif, Luis Pedro Marco, y no ha sacado “nada en claro” tras casi cuatro horas, por lo que mantiene dudas sobre las pruebas y los avisos al 112, y sigue reclamando responsabilidades, inversión urgente y sistemas de seguridad avanzados en la red ferroviaria.

Este miércoles, dicha asociación se reunirá con representantes de la Agencia Europea del Ferrocarril y el jueves lo hará con Iryo. Además, mantendrá su concentración del día 15 ante el Congreso con el objetivo de que el accidente “no se olvide” y seguir “reclamando justicia y la verdad”. Sin embargo, ese mismo día en el pleno del Congreso faltarán cinco miembros del Gobierno, según avanza Ok Diario: Pedro Sánchez, que estará de viaje en China; el vicepresidente primero y titular de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo; y los ministros Margarita Robles, José Manuel Albares y Pablo Bustinduy.

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