Fue el periodista de La Vanguardia quien le preguntó a Elma Saiz si la decisión del Gobierno consistía en expulsar -como había pedido el pepero Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta- o acoger a los inmigrantes ilegales que violaron la frontera española de Ceuta. Según costumbre, la titular de Migraciones y portavoz del Gobierno no respondió sino con el sambenito ya iniciado de asegurar que iban a preparar espacios para 1.500 de esos inmigrantes-delincuentes.
Al final, resultó que los tales espacios eran tienda de campaña. Es decir, seguimos con la tónica habitual del Sanchismo: hago lo malo pero encima soy un rata. Otorgo ayudas que no solucionan el problema ni en una dirección ni en otra, no sólo porque elijo la solución errónea sino porque se trata de ayuditas miserables. Ya saben que el Sanchismo es el reparto de la miseria. Nadie crea riqueza en España y la poca que hay, don Pedro la distribuye con cuentagotas.
Al delincuente que ha entrado sin llamar se le expulsa sin avisar
En todo caso, la pregunta sí que estaba bien formulada: expulsar o acoger. Desde luego, a los de Ceuta, expulsar: Vivas tiene razón. Al inmigrante legal hay que acogerle y ayudarle, al delincuente que ha entrado sin llamar se le expulsa sin avisar. De otra forma, se volverá a repetir la invasión.
¿Y respecto a Marruecos? La única solución es militarizar Ceuta y Melilla, y advertir que a quien viole la soberanía territorial se les recibirá a tiros.
El islam avanza en el África negra y, con él, la esclavitud de los negros
Al mismo tiempo, esto es, repetimos, una unión imposible, como imposible es la unión -el respeto sí- entre islam y cristianismo, dos realidades antitéticas. Por tanto, y este es el momento, hay que convertir a Ceuta y Melilla en centros de irradiación del cristianismo en toda África, para su desgracia cada día más islamizada.
Para el musulmán, el negro ha sido históricamente un aspirante a esclavo. Para el misionero cristiano, el negro, como el blanco, es siempre un aspirante a Hijo de Dios.