En este contexto de crisis mundial en el sector del automóvil, el grupo Volkswagen no remonta y continúa perdiendo competitividad, frente a la fuerte irrupción de los competidores chinos, el elevado coste de la transición al vehículo eléctrico y el lento ritmo de dicho proceso. Ahora baraja acometer hasta 100.000 despidos, según han avanzado Financial Times y la revista Manager Magazin,… cinco meses después de que su CEO, Oliver Blume, se viera con el gafe Pedro Sánchez.
Recuerden que cuando sólo habían pasado unos días de la reunión entre Blume y Sánchez, uno de los proveedores del grupo Volkwagen, el vasco Metal Group, anunció concurso de acreedores y cierres de plantas. Otra muestra más del ‘buen tino’ empresarial del presidente del Gobierno, que se ha ido viendo en los últimos años en Airbus, Ryanair, Nissan y Ford, entre otros ejemplos. A esta lista se suma ahora el gigante automovilístico alemán, que baraja duplicar su ajuste de plantilla.
Hasta el momento, había anunciado 50.000 salidas en Alemania hasta 2030 el pasado marzo, tras estancar ventas y facturación en 2025, y ver hundirse también su rentabilidad y su beneficio neto. Ahora, la cifra podría alcanzar las 100.000 salidas en todo el mundo… lo que afectaría a casi el 15% de su plantilla y constituiría su mayor recorte laboral en sus 89 años de historia. Eso sí, por ahora, sólo es una posibilidad que se estudia y que abordará el Consejo de Supervisión (el órgano que de verdad manda en las empresas alemanas dado que supervisa al Consejo de Administración y tiene la última palabra) en su reunión del próximo 9 de julio.
No hay que perder de vista que desde 2023, el grupo Volkswagen ya ha eliminado 29.000 puestos de trabajo y ha reducido su capacidad de producción de 12 a 9 millones de vehículos anuales, pero parece que esos ajustes para tratar de reducir costes no han sido suficientes. A finales de 2024 llegó a un acuerdo con el sindicato IG Metall que prometía no cerrar fábricas ni hacer despidos forzosos en Alemania, al menos, hasta 2030. Sin embargo, ahora no sólo baraja 100.000 despidos, sino los posibles cierres de cuatro fábricas alemanas: las situadas en Hannover, Zwickau, Emden y Neckarsulm. A través de un comunicado, Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa de Volkswagen, y Christiane Benner, jefa de IG Metall, han reaccionado rechazando los nuevos despidos: “Si estos planes siguen adelante, los pararemos con todas nuestras fuerzas”. Además, se prevé una reducción de las inversiones del 15% para el próximo lustro y un recorte de gastos generales de 11.000 millones hasta 2030.
En paralelo, el grupo Volkswagen (dueño de la marca que le da nombre, así como de Audi, Skoda, SEAT y Cupra, entre otras) acaba de vender el 51% de su división de motores marinos Everllence al fondo Bain Capital por 7.400 millones de euros, pero podría vender más activos para lograr más liquidez. Y otra opción que se analiza es la separación de la marca Volkswagen y la división de componentes en estructuras diferenciadas para acelerar la toma de decisiones dentro de un sector en plena crisis, transformación y con fuerte presión sobre los márgenes.