A Navantia se le ha atragantado la botadura de la fragata F-111 en Ferrol que tendrá lugar el próximo 11 de septiembre, con la reina Sofía como madrina. Y es que Canadá la ha excluido del concurso para renovar los submarinos de su flota.

Se trata de un contrato muy jugoso que podría ascender hasta 45.000 millones de euros, a través de la compra de 12 submarinos. El astillero público español concurría con el submarino S-80, que ya tuvo algún problema en el pasado, y al final, ha sido excluido. Lo mismo le pasó el pasado enero, cuando India descartó su compra y fuentes de su Ministerio de Defensa señalaron al diario Indian Express que los submarinos de Navantia fueron descartados por razones técnicas, ya que no cumplían con requisitos de un sistema de propulsión independiente del aire probado (AIP) en el mar. India prefirió optar por los submarinos alemanes.

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El astillero público español que preside Ricardo Domínguez ha sido excluido ahora por Canadá, que sólo ha seleccionado a la alemana ThyssenKrupp Marine Systems (TKMS) y a la surcoreana Hanwha Ocean para que presentar una oferta final. Así lo ha anunciado el primer ministro de Canadá, Mark Carney, desde Alemania, donde visitará las instalaciones de TKMS; y en los próximos meses, hará lo mismo con las de la compañía surcoreana. Parece que de poco ha servido el encuentro que Carney mantuvo con el ministro de Economía español, Carlos Cuerpo, hace unos meses… y no hay que olvidar que el primero relevó a Justin Trudeau, que sí era amigo de Pedro Sánchez.

TKMS forma parte del grupo industrial alemán Thyssenkrupp, que actualmente dirige Miguel Ángel López y que no va bien en resultados: ha rebajado previsiones, tras reducir ingresos y registrar pérdidaas. No le está saliendo bien la apuesta por el ‘esquema Villalonga’ (el mismo que en su día puso en marcha Juan Villalonga cuando presidía Telefónica, bajo el principio bastante infundado y anglosajón de que la suma de las partes vale más que el todo) y encima, teme los aranceles. En este contexto, sus accionistas han aprobado la escisión de su división naval (TKMS) y dentro de sus submarinos, la especialización del Tipo 212CD en la navegación en aguas árticas le da bastantes posibilidades en el contrato ofertado por Canadá, que necesita que los nuevos submarinos estén equipados para proteger su extensa costa ártica.

En cualquier caso se trata de otro bache para Navantia… a pesar de que el pasado junio había logrado un acuerdo con Noruega para poner fin al pleito donde le pedían más de 1.000 millones, a cambio de un descuento en el mantenimiento de fragatas. Asimismo, el nuevo bache no ayudará a que el astillero público español salga de pérdidas, por lo que seguirá lastrando las de la SEPI. En 2024, los ingresos de Navantia crecieron un 6,6%, a 1.528 millones; y los números rojos se dispararon un 61,7%, a 197 millones.

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La exclusión del contrato de submarinos que Canadá quiere firmar en 2028 para empezar a recibirlos en 2035 no es baladí y no sólo afecta a Navantia. Se produce en un contexto de rearme europeo y donde aumentan las alianzas, con Indra ratificándose como contratista principal del consorcio Tess Defence (del que forman parte General Dynamics, SAPA y Escribano) y también aliándose con la alemana Rheinmetall para desarrollar proyectos de vehículos blindados. Esta última y la italiana Leonardo han comprado el negocio de defensa de Iveco... y no se descarta que más adelante den entrada en el mismo a Indra. 

Eso sí, avanza en su segundo programa para Arabia Saudí, y las tres corbetas están ya en construcción. El pasado 9 de julio, en el astillero de San Fernando se celebró el acto de puesta de quilla de la primera corbeta de la segunda serie firmada con la Marina Real de Arabia Saudí (RSNF). Este buque será la construcción número 571 del astillero y llevará por nombre Al-Madinah.

Y ojo, volviendo a Navantia, no se puede olvidar que empezó el año viéndose ‘obligada’ a comprar los astilleros británicos Harland & Wolff... para salvar la construcción de tres buques. 

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