Lo de Ángel y Javier Escribano tiene mucho mérito: dos emigrantes llegados de Cuenca con lo puesto, que convierten un pequeño taller de mercancía en la enorme factoría de vehículos militares que hoy poseen en Alcalá de Henares. 

Era el típico instrumento que tanto la demagogia sanchista en general como el demagogo indocumentado de Manuel de la Rocha -asesor empresarial, más que económico, del presidente del Gobierno- podía utilizar a gusto para hacer crecer a Indra como la empresa clave del sector español de Defensa.

Pero los Escribano se creyeron su protagonismo y se endeudaron, comprando un 15% de la compañía y ocupando la Presidencia.

Ahora bien, les perdió la ambición, se creyeron los dueños de Indra y no lo eran. Sólo poseían un 15% de la compañía y encima apalancados. Para pagar las deudas se empeñaron en que Indra comprara su empresa EME, es decir, que el presidente de una empresa cotizada compra una empresa de la que es propietario. Un pelotazo en una operación abyecta. 

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Esa barrabasada no encontró oposición en un Consejo pastueño, salvo en el CEO de Minsait -la principal filial del grupo en cuanto a resultados-, Luis Abril, quien se opuso a la barrabasada de la compra de EME y le costó el puesto. En el bazar de las armas, la honradez te suele costar el cargo, además de una campaña de calumnias alentada por el propia Indra.

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Por su parte, Hispanidad ha denunciado la operación abyecta durante meses. Nadie nos siguió salvo el diario ABC y con sordina de los Escribano, financiadores del aún conocido como diario monárquico, donde hoy mandan los Ybarra... pero ahora resulta que la compra de EME por Indra se convierte en insalvable para la propia SEPI, principal accionista de Indra, que se niega a la operación e incluso amenaza, también adelantado por Hispanidad, con la opción de la ministra de Defensa, Margarita Robles, la más anti-Escribano del Gabinete, de nacionalizar Indra, si no al 100 por 100, sí al 51%. 

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A fin de cuentas, si el presupuesto público va a ser el primer cliente de Indra y el sostenedor de Indra, ¿por qué no convertirse también en el accionista mayoritario?

Por ahora, también adelantado por Hispanidad, lo que se sabe es que Moncloa ya no quiere a los Escribano. El propio presidente de Indra, Ángel Escribano, tuvo que salir al quite, en una patética intervención pública, el jueves 5, para asegurar que nadie le había pedido su cabeza. Sí, se lo han pedido, don Ángel, en La Moncloa y en la sucursal de La Moncloa, en la SEPI

En resumen, estamos ante la caída de los Escribano, otros empresarios que creyeron encontrar el apoyo de Pedro Sánchez sin saber que Sánchez es un embustero patológico y traidor por naturaleza. Ellos se resuciten, hay que reconocerles que son valientes, pero me temo que no tienen potencia de fuego para resistir a Moncloa, que trabaja con el dinero del contribuyente y que, en el bazar de las armas, es el primer y casi único cliente de Indra. 

Al tiempo, la nacionalización de Indra se abre camino, aunque sea con el 51%, y los Aperribay (dueños de la empresa de defensa SAPA) se vengan de los Escribano ofreciendo al socialista, de la cantera empresarial PSC, y expresidente de Renfe y ex secretario general de Industria y Pyme, Raül Blanco, como alternativa. Este último es director ejecutivo de Estrategia de SAPA desde el año pasado. 

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La compra de Indra por EME a lo mejor se lleva a efecto, pero sin Ángel Escribano en la Presidencia. En cualquier caso, todo esto es importante, pero, lo más importante es que Indra, con EME o sin EME, con SAPA o sin SAPA, tenga capacidad industrial para aportar al Ejército español el material que necesita para tiempos de guerra, como los actuales. 

Y es que a Pedro Sánchez le encanta controlar empresas y empresarios pero no sabe hacer empresa. Es más, como empresario es una desastre con patas, sería incapaz de gestionar una mercería. Por donde él pasa, acuérdense de Telefónica, no vuelve a crecer la hierba.  

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