El director general del IEE, Gregorio Izquierdo, ha presentado el informe semestral de Coyuntura Económica del Instituto de Estudios Económicos, titulado “Crecimiento extensivo y dualidad macroeconómica en España: desequilibrios y baja productividad”. En el informe se detalla que la economía española mantiene un crecimiento superior al europeo pero no por buenas razones, sino apoyado en consumo privado y gasto público, mientras la aportación del sector exterior se torna negativa.

Además alertan de señales de desaceleración suave y pérdida de intensidad en los factores que habían sostenido el dinamismo reciente, lo que anticipa un escenario menos favorable para 2026. La composición del crecimiento muestra un cambio estructural: la demanda interna se consolida como motor principal, mientras el sector exterior, que fue determinante en la etapa 2020-2024, presenta una contribución negativa.

De esta forma, el PIB español aumentará un 2,9% en 2025 y, previsiblemente, mostrará una desaceleración en 2026 hasta el 2,1% "debido al menor impulso de aquellos factores que han sido claves para el dinamismo de la actividad y el empleo en los últimos ejercicios". Para entendernos, el IEE señala a la "normalización" del turismo: "tanto la llegada de visitantes como el gasto crecen a ritmos más contenidos, en línea con la desaceleración internacional y el impacto de precios más elevados". Lo llevamos advirtiendo tiempo, la economía española y el empleo son completamente dependientes del turismo y la hotelería, y si eso falla, lo que viene no es nada bueno.

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El IEE señala también que el "impulso inversor en bienes de equipo pierde tracción": "La finalización del programa europeo en 2026 reducirá el flujo de fondos, mientras persisten incertidumbres geopolíticas y cambios regulatorios en ámbitos laboral, fiscal y de sostenibilidad, que erosionan la confianza empresarial. El único elemento compensatorio podría ser un incremento del gasto público en defensa, con efectos tractores sobre sectores industriales y tecnológicos".

Desde el Instituto, señalan como tercer factor el mercado residencial, "marcado por tensiones entre oferta y demanda", es decir, por la crisis de vivienda: "La escasez de vivienda, agravada por restricciones normativas, falta de mano de obra y encarecimiento de materiales, sostiene una escalada de precios que limita la accesibilidad y frena la demanda, pese al aumento de visados".

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A ello se suman las exportaciones de bienes, que no anticipan una recuperación significativa. La debilidad de las economías europeas y el encarecimiento derivado de mayores aranceles reducen su capacidad de actuar como motor de crecimiento. En conjunto, estos elementos configuran un panorama de riesgos a la baja por lo que el IEE exige la introducción de reformas estructurales que impulsen nuestra producción a largo plazo y refuercen nuestra competitividad.

En cuanto a precios, la inflación ha seguido una trayectoria descendente durante 2025, apoyada en la caída de los precios energéticos y la moderación de la inflación subyacente. El componente más inflacionista ha sido el de alimentos no elaborados, con un crecimiento medio del 6% interanual, influido por la reversión de medidas temporales del IVA en alimentación y electricidad. Esta evolución de los precios situará al IPC con un crecimiento medio anual del 2,7% en 2025, por debajo del 3%, y, previsiblemente, para 2026 se sitúe alrededor del 2,2%. La inflación subyacente va a alcanzar este año el 2,3% en tasa media anual y se mantendría en este valor en 2026. En este ámbito cabe señalar que un posible riesgo al alza es la evolución de los costes laborales en sus dos vertientes: salarial y no salarial. Los salarios están aumentando más que el IPC y por encima de las recomendaciones del AENC. Además, la caída de la productividad por ocupado está repercutiendo en los costes laborales unitarios, que ya superan en un 25% a los de 2019.

Por último, desde el IEE destacan que las cuentas públicas registran ingresos extraordinarios en 2025 y una moderación del déficit hasta el 2,6% del PIB, que podría reducirse al 2,3% en 2026. Sin embargo, el saldo estructural permanece muy deteriorado, "en torno al -4,5% a -3,5% del PIB, reflejo del escaso ajuste fiscal realizado pese al ciclo favorable. Los retos de sostenibilidad futura, especialmente pensiones y una deuda pública todavía superior al 100% del PIB, continúan siendo una fuente importante de riesgo".

El IEE concluye que, si bien España tiene una posición destacada en el contexto europeo, enfrenta limitaciones estructurales: baja inversión productiva, costes laborales crecientes y pérdida de competitividad exterior. Estas 'limitaciones' "condicionarán su capacidad de mantener ritmos elevados de crecimiento en el medio plazo".

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Y el IEE pasa a dar una 'bofetada' sin manos a Pedro Sánchez. Para entendernos, este mismo lunes, su sanchidad se dirigía a la prensa y a todos los españoles desde la Moncloa, como cierre de año y aseguró que la economía iba fenomenal, es más afirmó que renta disponible de los hogares subió un 10% desde 2018. Sí, pero se le olvidó que el IPC lo hizo en un 22,8%. Ergo, Sánchez nos empobrece. Y en esa línea apunta el informe, atentos a este párrafo del mismo:

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"El reciente desempeño positivo de la economía española se ha sustentado, principalmente, en la demanda interna. El crecimiento agregado, aun siendo positivo, no se ha traducido en una mejora equivalente de la renta per cápita ni en un avance sostenido de la productividad. España crece, pero lo hace apoyándose de forma predominante en factores extensivos (aumento de la población, incremento del empleo y expansión del gasto público) más que en factores intensivos relacionados con la eficiencia del capital y del trabajo".

Y continúa: "Mientras el PIB agregado español ha crecido de forma sistemática por encima de la media europea, el PIB per cápita se ha mantenido rezagado durante la mayor parte del periodo analizado, situándose por debajo de los niveles de la eurozona y de la UE-27. Solo a partir de fechas muy recientes se observa una ligera aproximación, que resulta todavía insuficiente para hablar de una convergencia real y sostenida. Este patrón pone de manifiesto que una parte significativa del crecimiento se diluye al repartirse entre un mayor número de habitantes y trabajadores, sin que aumente de forma apreciable el valor añadido generado por cada uno de ellos. El estancamiento de la productividad constituye, por tanto, el principal factor limitante del crecimiento potencial de la economía española. A pesar de que España dispone de niveles de capital físico y humano comparables a los de otras economías avanzadas, la eficiencia con la que estos factores se combinan no ha mejorado al ritmo necesario". Es decir, aumenta el PIB, pero porque somos más, pero el per cápita... mejor ni hablar. Y más, la productividad, ese elefante en la sala que el Gobierno ignora. 

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La productividad por trabajador y por hora trabajada muestra una evolución prácticamente nula en los últimos años, "lo que compromete la capacidad de sostener mejoras del bienestar en el medio y largo plazo". El IEE no cuenta que para lo que sí hay margen es para aumentar el bienestar del trabajador, porque está Yoli al frente y ella quiere hacernos felices, aunque acabemos parados. "Esta debilidad productiva está estrechamente relacionada con el comportamiento de la inversión, especialmente la inversión privada".

El IEE apunta, con gran acierto, a la paradoja española: somo el país con "una tasa de paro estructuralmente elevada y afronta además un problema crónico de desajuste entre la oferta y la demanda de cualificaciones", al tiempo que muchas empresas "declaran dificultades para encontrar trabajadores con las competencias necesarias". Todo esto ocurre en "un entorno empresarial cada vez más tensionado por el aumento de los costes no laborales y por una creciente presión fiscal. La contribución de las empresas a la recaudación total se sitúa por encima de la media europea, al igual que las cotizaciones sociales a cargo del empleador. Este encarecimiento estructural reduce los márgenes empresariales, limita la capacidad de reinversión de beneficios y puede desincentivar proyectos de inversión a medio y largo plazo, con efectos indirectos negativos sobre la productividad y la competitividad". 

El marco institucional y regulatorio completa este diagnóstico. Los indicadores de calidad regulatoria sitúan a España en una posición desfavorable dentro de la Unión Europea, "reflejando un entorno caracterizado por una elevada complejidad normativa, cambios frecuentes en regulación y una percepción creciente de inseguridad jurídica". Este contexto incrementa "los costes de cumplimiento, dificulta la planificación empresarial y reduce los incentivos a invertir, innovar y crecer. La evidencia comparada muestra que las economías con marcos institucionales más estables y predecibles son también aquellas que presentan mayores niveles de productividad y renta per cápita".

Por todo ello desde el IEE piden "la implementación de un plan de reformas estructurales que se centre en la creación de un clima favorable a la inversión privada y la mejora de la eficiencia de los mercados". Estas reformas "deben ser ambiciosas, estar consensuadas y orientadas a amplificar el impulso de la inversión empresarial a través de la mejora del capital humano y tecnológico". No dejan de tener 'guasa' con eso de consensuadas si tenemos en cuenta que cada vez que el empresario protesta, es expulsado de la mesa de diálogo social. 

La presentación del informe estaba prevista desde hace semanas, pero se ha convertido en toda una respuesta, con datos no se crean, al discurso mentiroso y triunfalista de Sánchez. Al final, se le atragantan las uvas.