BP sorprendía hace unos días con el despido de su presidente, Albert Manifold, sin muchas explicaciones, limitándose a referir “problemas de supervisión y de conducta que considera inaceptables”. Sin embargo, el despedido no se ha achantado y ha respondido en un comunicado recogido por Bloomberg: “Fui destituido sin aviso previo y sin explicación [...] Discuto por completo la calificación de mi conducta y no permitiré que una narrativa falsa quede sin rebatir”.

Hasta ahora, desde la petrolera británica se ha explicado poco sobre el cese de Manifold y ha sido a través de Amanda Blanc, consejera independiente sénior, y aludiendo a las “graves preocupaciones expresadas al Consejo en relación con importantes normas de gobernanza, supervisión y conducta”. Sin más detalles. Desde Financial Times ha apuntado a que era demasiado agresivo y paternalista, ejercía un excesivo control y habría intentado limitar a la CEO (Meg O’Neill) y la capacidad de reunirse con consejeros no ejecutivos.

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Conviene recordar que BP acumula varios cambios en su cúpula en los últimos años, tanto en la silla de presidente como en la de primer ejecutivo. De hecho, Bernard Looney fue cesado como CEO en septiembre de 2023 por “relaciones personales no declaradas con colegas de trabajo”, le relevó Murray Auchincloss, primero de forma interina y luego definitiva a partir de enero de 2024. Claro que este último no duró mucho en el cargo: en diciembre de 2025 se conoció que sería relevado de forma interina por Carol Howle, vicepresidenta ejecutiva de suministro, comercio y envíos; y después, de forma definitiva, desde el 1 de abril de 2026 por Meg O’Neill, quien había sido fichada en la petrolera australiana Woodside. Eso sí, The Times informó de que Auchincloss mantenía una relación con una colega, pero desde BP se señaló que la relación no representaba una infracción del código de conducta y que se había informado completa y adecuadamente sobre la misma.

El tema de las relaciones entre miembros de la cúpula y subordinados ha sido objeto de despido en diversas compañías en los últimos tiempos. Eso sí, la actitud resulta algo hipócrita porque los ceses han sido más por no haber informado adecuadamente sobre el tema que por la relación en sí. Así, se ha podido ver en Nestlé (cesó a Laurent Freixe como CEO el pasado septiembre), Primark (lo hizo con Paul Marchant con el eufemismo de “conducta inapropiada”) y Galp (despidió a Filipe Silva por “motivos familiares”, después de que su Comisión de Ética y Conducta le investigara por la presunta relación que mantenía con una directora).

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BP no sólo ha cambiado de primer ejecutivo en los últimos años, sino también de presidente, sin entrar en los motivos. Tras seis años en el cargo, Helge Lund anunció su disposición a dimitir si se identificaba un líder adecuado que pudiera acelerar la ejecución de la estrategia. Se encontró a ese líder en Albert Manifold, que fue nombrado presidente el pasado 1 de octubre, pero ahora, apenas siete meses después, parece que no era tan adecuado porque ha sido despedido... alegando problemas de supervisión y conducta “inaceptables”.

Por ahora, el fondo activista Elliott (presente en el accionariado de BP) guarda silencio, pero no hay que olvidar que su presión hizo que Auchincloss, siendo consejero delegado, rectificara la estrategia y decidiera volver a poner el foco en petróleo y gas. Un giro por el que también apuesta su sustituta, Meg O’Neill, que además, es la primera mujer que dirige una de las grandes petroleras del mundo. Claro que el despedido Albert Manifold también ha intentado apuntarse un tanto: “Durante mi mandato como presidente, trabajé para impulsar un cambio genuino en BP: recortando costes, combatiendo los excesos y exigiendo a la organización unos estándares más elevados”. Eso sí, Manifold prefiere olvidar que su elección recibió un rechazo superior al 18% en la última Junta de Accionistas celebrada el pasado abril. Su relevo interino, Ian Tyler, ha señalado que “el Consejo y el equipo directivo tienen una firme convicción en la dirección estratégica que hemos definido, y la compañía avanza con paso firme para implementarla. BP está consolidando una sólida trayectoria de desempeño operativo y un estricto control de la disciplina financiera, todo ello con el objetivo de aumentar el valor y la rentabilidad para los accionistas”.

Algo de dicho avance se ha podido comprobar en los resultados del primer trimestre, en los que gracias al encarecimiento del petróleo, sus ingresos han subido un 11,5%, hasta 52.260 millones de dólares; y el beneficio neto se ha disparado un 459%, a 3.842 millones. Eso sí, la deuda neta ha pasado de los 22.200 millones del cierre de 2025 a 25.300 millones por el aumento del capital circulante asociado al encarecimiento de las materias primas.