Gonzalo Pascual es vicepresidente de la CEOE y responsable de la patronal turística. Su socio Gerardo Díaz es presidente de la patronal madrileña, CEIM, y presume de su amistad con la Casa Real y (de esto ya no presume, pero lo hacía hasta el 14-M) de su amistad con Francisco Álvarez-Cascos, ministro saliente de Fomento. Su otro socio es el presidente de Aerolíneas Argentinas, Antonio Mata, quien está desarrollando un auténtico maratón de imagen en España. Los tres componen el Grupo Marsans, creado a raíz de la compra de empresas al Estado y de las subvenciones recibidas por dicho Estado.

 

Ahora mismo, los tres mandatarios del Grupo Marsans tratan de recolocarse políticamente. Cascos les hizo un último favor, cuando, días antes de cesar en el cargo, repartió los terrenos de la nueva ampliación de Barajas en perjuicio de Iberia y en beneficio de todas las empresas del Grupo Marsans (y de su socio, la escandinava SAS). La nueva ministra, Magdalena Álvarez, ha anunciado que habrá que llegar a un nuevo acuerdo. Por de pronto, el director de British Airways para España e Iberoamérica, Carlos Gómez, ha roto la tradicional prudencia de una compañía ante una decisión del Estado (la empresa AENA es pública) y ha manifestado lo siguiente: "Es una decisión política… que ha beneficiado a un personaje relevante del Partido Popular". Luego, en referencia a Marsans, ha dictaminado: "Es una decisión política ajena a cualquier criterio técnico que  intenta satisfacer a un grupo determinado, a un batiburrillo de empresas".

 

Y, sin embargo, el fin del Grupo Marsans, un verdadero gigante con pies de barro, puede llegar desde la Argentina, donde tiene su principal problema con la compañía Aerolíneas. Oficialmente, el nuevo Gobierno socialista deja al Tribunal de Cuentas la investigación sobre la privatización de Aerolíneas y la gestión de Marsans. Es decir, que no va a moverse. Ahora bien, una vez realizadas grandes privatizaciones, el mayor reto con el que se enfrenta el nuevo presidente de la SEPI, Enrique Martínez Robles, es Aerolíneas Argentinas: sólo faltaba que, después de emplear, en las distintas etapas, cerca de 3.000 millones de dólares de dinero público español en el salvamento de Aerolíneas, ahora hubiera que volver a salvarla de nuevo.

 

Por ahora, Marsans intenta redituarse políticamente, aproximándose al nuevo poder socialista. Veremos si se imponen los hábitos felipistas de ocultar todo escándalo económico (no olvidemos que el caso Aerolíneas comienza con el Felipismo) o si Zapatero está dispuesto a investigar en el Gobierno, ahora que puede, lo que exigía al PP cuando estaba en la oposición.