Como toda persona normal con sentido de la justicia no pude por menos que alegrarme ante la noticia de la detención de un tirano que, junto con una camarilla de abyectos, han cometido todo tipo de crímenes contra su propio pueblo. Pero no puedo compartir la alegría ilusoria de quien ya piensa que Venezuela recuperará pronto su libertad y su dignidad.
Ciertamente, es un primer pasito. Pero quedan muchísimos y dificilísimos que dar. Demoler un sistema perverso y totalitario, en el que han intervenido intereses espurios de varios países y, en medio de todo, el petróleo, el oro, los diamantes…
Y eso por no hablar de lo más importante: la restitución de la justicia y la dignidad de los ciudadanos que, a mi juicio, es la prioridad de toda la acción. De ahí la alegría inmensa que nos produjo a todas las personas normales el anuncio de la liberación paulatina de todos los presos injustamente encarcelados y, muchos, cruelmente torturados.
Pero ese pensar en las prioridades en nuestro país hermano herido, me llevó a una pregunta: ¿qué es lo primero que habría que hacer en España cuando, si las urnas lo deciden así, se acabase la peculiar tiranía sanchista y hubiera un Gobierno de coalición en el que Vox tuviese cierta fuerza real? O, dicho de otra manera, ¿cuáles serían las prioridades que Vox tendría que tener ya en cuenta para cuando se dé esa situación tan deseada por tantos?
Pues, junto a la derogación de tantas leyes y decretos injustos e inhumanos, junto a la aplicación paulatina de los principios de subsidiaridad y de limitación de organismos, cargos, y sueldos (de los cuales hablaré en un artículo próximo), y de otras muchas medidas necesarias, tendrían que estar pensando ya en una Ley de defensa de la Vida, la Familia y la promoción de la natalidad, que conduzca a medidas aún más ambiciosas que las implementadas por Orbán en Hungría en este ámbito.
A la defensa de la Vida se le han dedicado muchísimos artículos en este diario, especialmente por su creador y director, uno de los adalides en la lucha por la defensa de los principios de la Ley Natural impresa por Dios en todos los hombres, pero seguida solo por las personas de buena voluntad. Y yo mismo escribí sobre ella en el artículo de la semana pasada, por lo que no me parece conveniente insistir en que la hierba es verde, es decir, en que si no se derogan las leyes del aborto y de la eutanasia y se sustituyen por su antítesis no hay ni democracia, ni paz, ni España.
Respecto a la Familia, podemos decir lo mismo, pues, aunque a algunos les parezca un tópico, al igual que la hierba es verde y que dos más dos son cuatro, la familia es la célula básica de la sociedad. Y si se destruye la familia se deconstruye toda la armonía, la cohesión y el orden justo de la sociedad. Por eso, todo el empeño del diablo, que odia a España por ser Tierra de María y por haber evangelizado a medio mundo, se ha encaminado fundamentalmente a destruir la familia, a través de la implantación de un materialismo hedonista y de las ideologías “progresistas” que los diversos Gobiernos españoles de las últimas décadas han idolatrado e impuesto. Pero, de esto, hablaremos también más extensamente en otro momento. Pues, es menester y urgente que nos refiramos a una de las consecuencias directas de la crisis de la familia y del genocidio en el vientre materno que, por cierto, no alcanza la cifra de tres millones de bebés españolitos, como escribí en mi artículo de la semana pasada, sino de alrededor de cinco millones, según me han corregido los que más saben del tema.
Como ya habrán colegido, esa consecuencia no es otra que el enorme bajón de la natalidad. Según el último informe de Transición 2025-2026 del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, España es hoy el país europeo con mayor proporción de mujeres sin hijos. Y el segundo del mundo, tras Japón. Y también bate récords en retraso en la edad del primer hijo, en la tasa de hijos por mujer… En fin, lo que Alejandro Macarrón lleva advirtiendo desde hace tiempo en libros, artículos, intervenciones en televisión, informes... sin que ni las instituciones ni los particulares le hagan el menor caso, a pesar de que expone también con claridad las consecuencias económicas y sociales de este declive demográfico: envejecimiento de la población y consecuente pirámide poblacional invertida; desequilibrios territoriales; presiones sobre el sistema de pensiones; excusa para la sustitución poblacional autóctona por una inmigración foránea, etc.
Todo el empeño del diablo, que odia a España por ser Tierra de María y por haber evangelizado a medio mundo, se ha encaminado fundamentalmente a destruir la familia, a través de la implantación de un materialismo hedonista y de las ideologías “progresistas”
El organismo internacional recién citado achaca este declive demográfico de nuestro país a la precariedad laboral, la penalización económica de la maternidad y a la enorme carestía de la vivienda. Lógicamente, Macarrón ve muchas más causas, también de índole moral y espiritual, como es la mentalidad hedonista y anticonceptiva y, desde luego, el aborto. Cinco millones más de nacimientos hubieran paliado bastante el problema.
Yo quiero hacer hincapié, aquí y ahora, en una causa cuya mención es muy impopular: la denostación del trabajo de la mujer en su propia casa cuidando de lo suyo y de los suyos, por parte de un feminismo empeñado en la idea de que la mujer solo se realiza si trabaja fuera de casa, sin pensar en la estupidez que supone tal aserto, desde cualquier punto de vista racional. Y desde la comprobación empírica histórica y actual, por no citar el orden natural antropológico, ni, en un ámbito trascendente y divino, el modelo de la Virgen María, la obra maestra de Dios.
Ya el gran Chesterton, con su proverbial estilo, se sorprendía ingratamente de que hubiera mujeres que prefiriesen ser esclavas en la oficina a ser reinas en sus casas o que, por no querer que nadie les dictara, se convirtieran en dactilógrafas.
España es hoy el país europeo con mayor proporción de mujeres sin hijos. Y el segunda del mundo, tras Japón
Hoy hay ya muchísimas mujeres han experimentado en sus carnes y en sus almas que han sido engañadas. Pero ya el sistema establecido les obliga a ellas y a sus hijas (las que las tengan) a no tener más remedio que trabajar fuera de casa.
Por lo que, en un orden de prioridades, y dentro de esa Ley benéfica de la que hablamos al principio, el “Nuevo Gobierno” debería incluir una medida necesaria y urgente: el salario maternal. Es decir, pagar un sueldo a la mujer por tener hijos, cuidarlos y educarlos, que es la mayor aportación que puede hacerse al Bien Común. Medida cuyo adalid, desde hace treinta años, es Eulogio López, desde estas páginas.
Con lo que llevamos escrito, parece evidente la razonabilidad, justicia y urgencia de esta acción concreta, política y económica, pero con benéficas consecuencias sociales, morales e, incluso, espirituales. Pero eso es otra historia a la que nos referiremos en otro momento.