La semana pasada solo pudimos tratar el anticatolicismo del Gobierno y el Parlamento nacional con sus leyes y acciones de toda índole, en un país cuya seña de identidad histórica es el catolicismo.
Sin embargo, no son los únicos actores que hay que considerar para contestar cabalmente a la pregunta. Pues podría darse el caso de que la oposición al Gobierno y la mayor parte de la sociedad civil sí defendiera los principios cristianos y que, por una deficiente ley electoral y una manipulación y desinformación de los votantes, el poder ejecutivo y el legislativo no representen la realidad del país.
Pero parece bastante claro que no es el caso. Y las evidencias son muchas y palmarias. Como no es necesario ser exhaustivo sólo me referiré a una de ellas, al hilo de la actualidad informativa y porque me parece muy sintomática.
Hace unos días se conocieron los datos del número de abortos quirúrgicos en el 2024. La cifra es aterradora: 106.172. Lo cual significa que ya hemos llegado a los tres millones de asesinatos de bebés en el vientre materno desde la ley de 1985 que aprobó Felipe González. Y eso sin contar los abortos químicos, de los que no hay datos oficiales, pero que solo en el 2024 se calcula en unos 25.000.
Pues bien, en este genocidio silencioso, aunque la voz cantante legislativa y propagandística la haya llevado uno de los dos partidos que ha gobernado, el otro partido que se ha turnado en el poder ha colaborado y sigue colaborando de diversas formas, a pesar de que algunos de sus miembros y votantes, incluso algún ministro que tuvo que dimitir, hayan intentado hacer algo para paliar la masacre. De hecho, en una tesis doctoral en la que fui miembro del Tribunal Evaluador, había un gráfico en el que se observaba claramente que el salto cuantitativo mayor en el número de abortos se dio durante el gobierno de Aznar. Luego, ha seguido subiendo…
En este genocidio silencioso que representa el aborto, aunque la voz cantante legislativa y propagandística la haya llevado uno de los dos partidos que ha gobernado, el otro partido que se ha turnado en el poder ha colaborado y sigue colaborando de diversas formas
Y por lo que respecta a la sociedad civil, me duele tener que reconocer que somos muy pocos los que estamos comprometidos en las diversas asociaciones y acciones en defensa de la vida. Y más aún, es triste tener que escribir que los medios de comunicación católicos, salvo honrosísimas excepciones como la de este medio y cinco más, han sido y son tremendamente “moderaditos” en su defensa de la vida. Es decir, han adolecido y siguen adoleciendo de esa tibieza que Dios rechaza con palabras duras en el Apocalipsis.
A ese silenciamiento mediático ominoso del genocidio silencioso, se ha añadido la incoherencia del voto de cientos de miles de católicos que han votado y siguen votando a los partidos que o bien propugnan el aborto con un tremendo entusiasmo (¡qué contenta estaba la ministra de Sanidad al conocer los datos que les expuse al principio!) o bien lo admiten como algo normal que no hay que tratar.
Pues bien, aunque hay muchos otros factores que podríamos considerar como sintomáticos de la descristianización de España, tales como la disminución progresiva de los “matrimonios por la Iglesia”; el hecho de que en 2024 haya habido más divorcios que matrimonios; el bajísimo índice de natalidad; el “tragacionismo” de modas, usos, conceptos y términos de las ideologías anticristianas por tantos y tantos católicos; etc., etc., basta con verificar que la aceptación social del aborto es un hecho para concluir que, en efecto, España ha dejado de ser católica.
Pero como desde hace unos años hay que seguir el consejo de Chesterton de “blandir la espada para demostrar que la hierba es verde”, y como me dirijo a personas de buena voluntad, solo recordaré que Cristo es la Verdad, el Camino, y la Vida; que el quinto mandamiento es “No matarás”; que, en palabras de san Juan Pablo II, “el derecho a la vida es el fundamento de la democracia y de la paz”, y que “el aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede legitimar”; y, por último que, en términos claros y contundentes de Benedicto XVI, “Dios ama al embrión”.
En palabras de san Juan Pablo II, “el derecho a la vida es el fundamento de la democracia y de la paz”, y que “el aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede legitimar”; y, en términos claros y contundentes de Benedicto XVI, “Dios ama al embrión”
Y a propósito de Benedicto XVI, conviene recordar que cuando tan solo era el joven teólogo Joseph Ratzinger, en una entrevista que le hizo una emisora de radio de Baviera en 1969, vaticinó que en el futuro la Iglesia sería mucho más pequeña, pero más espiritual. Y que “el futuro de la Iglesia no vendrá de quienes se acomoden, sino de quienes tienen raíces profundas y viven desde la plenitud de la fe”. También intuía “pequeñas comunidades convencidas, verdaderas minorías creativas, capaces de irradiar, fe, cultura y caridad”.
Y esas minorías sí que se ven también en España: los miembros de la adoración permanente o continuada en los cientos de capillas que hay repartidas por nuestra geografía; los grupos que rezan el Rosario (como el de Ferraz) y ayudan a las mujeres que lo solicitan ante los abortorios; los padres y madres de familia que educan cristianamente a sus hijos en un ambiente enormemente hostil; los jóvenes que se rebelan ante los dictados nihilistas de la progresía imperante y buscan creer y amar a Dios en espíritu y verdad, y cantan alegres sus glorias; profesores y periodistas que aún luchan por mantenerse en la verdad y defenderla; etc.
Sí, aunque España haya dejado de ser legislativa y socialmente católica, hay una minoría activa fiel, que está creciendo poco a poco. Personas que, con una honradez intelectual a prueba de bomba y una vida de oración y adoración a Dios confiada, mantienen la fe y viven la verdad y la caridad en los diversos ámbitos de su actuación.
Dios se servirá de ese “pequeño resto del pueblo de Israel” para que, tras los años y acontecimientos que tenga previsto que acaezcan, el Corazón de Cristo reine de nuevo, y -como le dijo al Padre Hoyos- con más fuerza que en otros sitios, en su España, la Tierra de María, Su Madre Santísima y nuestra Madre, Corredentora y Abogada de los hombres.