Consejo de Ministros del martes 5 de mayo. Elma Saiz, que cada día recita mejor su lección de somos los mejores, sale rodeada de Félix Bolaños, titular de Presidencia y Justicia, uno de nuestros peores ciudadanos, Sira Rego y el responsable de funcionarios, Óscar López, futuro candidato del PSOE en Madrid que aprovecha sus últimos días antes de perder frente a Isabel Ayuso.

La ministra de Juventud, doña Sira Rego, que más que ministra de niños parece ministra de feministas, lanza su reforma de la ley de protección del menor. El asunto es grave. 

De entrada, Rego solemniza lo obvio. Nos vende como una novedad el interés superior del menor, lo que no está nada mal, tratándose de una ley de protección del menor. Asegura que, ahora sí, el juez tendrá que escuchar al niño. ¿Qué pasa, que hasta ahora no lo hacía? ¿A qué viene esa obviedad? Pues a que no se trata de una ley de protección de la infancia sino de protección de la mujer feminista y, en pocas palabras, para fastidiar al padre. 

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De entrada, y de salida, el proyecto de Rego niega el síndrome de alienación parental (SAP), o comedura de coco de la madre a su hijo para que le coja manía a papá. 

La anulación del SAP parte del profundo postulado feminista de que las mujeres, todas ellas, son santas y los varones, todos ellos, demonios. Por tanto, no puede haber un menor que eche de menos a su padre, quien, de entrada, es un presunto maltratador.

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Suprimido el Síndrome de Alienación Parental por prescripción legal, todo el poder queda en manos de la mujer, ser arcangélico que jamas de los jamases haría daño a su hijo y que, cuando discute con el varón, naturalmente tiene toda la razón.  

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Naturalmente, la anulación del SAP precisa de la negación de la evidencia de que todo niño se cría mejor con un padre y una madre, con masculinidad y feminidad, que cuando falta uno de esos dos elementos. 

Pues no: según el Gobierno Sánchez lo mejor es robarle el padre a los niños y robarle los niños al padre. ¡Pobres menores!

Leyes 'Vito Quiles': el Gobierno utiliza el caso del periodista valiente para imponer la censura. Y de paso para imponer la gran mentira de que Vito agredió a Begoña Gómez, cuando fue justamente al revés

La segunda decisión llamativa del Consejo de Ministros de hoy la ofrece el ministro de los funcionarios, Óscar López, que aprovecha sus días en el Gobierno antes de perder en Madrid, cuando se enfrente a Isabel Díaz Ayuso.

López, en la mejor línea del Sanchismo asegura que en contra de lo que hacía el PP de Rajoy -que en esto hacía lo correcto-, en lugar de disminuir el número de funcionarios, es decir, de burócratas, no deja de ampliarlo. Así, serán 37.000 los nuevos burócratas, perdón, funcionarios, del Estado española, un pelín más que en 2025... la misma barbaridad que en 2025. 

No olviden que a un funcionario le puedes fichar pero nunca echar. Así que el próximo Gobierno que llegue se encontrará con un fardo insoportable que habrá que financiar con más impuestos mientras se reduce la productividad. ¿No es maravilloso?

Y entre las respuestas a la preguntas, nueva andanada contra el valiente periodista Vito Quiles. Yo alabo el coraje de Vito aunque no me gusta su estilo de hacer preguntas con respuesta incluida. Ahora bien, la obsesión  del Gobierno contra este joven hace que, necesariamente, me caiga simpático. 

Porque claro, cuando Elma Saiz u Óscar López hablan de la feroz agresión de Vito Quiles contra la esposa del presidente del Gobierno Begoña Gómez, cuando lo que ocurrió fue justamente lo contrario, pues hombre, la negación de la realidad empieza a molestar. 

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Y lo que es peor: Vito está siendo utilizado por ese Ejecutivo liberticida para aplicar su batería de normas anti-libertad de expresión: ley de Memoria Democrática, normas sobre delitos de odio o simple persecución de los bulos, en suma, re-establecimiento de la censura de prensa. 

Y es que hay que pararle los pies a los ultras, que son muy malos.

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