En Hispanidad reflejamos las salvajadas de -menas y adultos-, de los marroquíes en España porque lo políticamente correcto es ocultarlas y, por tanto, silenciar esas salvajadas e incluso acusar de racismo a quien se atreva a denunciarlas.
Por otro lado, en Hispanidad somos católicos, por lo que insistimos en que el deber de todo católico es, en efecto, recibir al inmigrante con los brazos abiertos... al tiempo que se le exige que respete al país que le acoge, a España. Algo que no le exige el Sanchismo porque el Sanchismo... también odia a España.
Por todo ello, conviene sacar a la luz una y otra vez, los siguientes silencios interesados:
El islam odia a España, el calvinismo anglosajón odia a la Hispanidad. Ambas cosas son lógicas. España ha constituido una de las potencias doctrinales católicas de lo largo de la historia. España ha sabido morir por su fe. La última vez, durante la II República y la Guerra Civil.
Le paramos los pies en Europa, en la reconquista y en Lepanto. Al luteranismo anglosajón le detuvieron las armas españolas en Europa, los jesuitas españoles en Trento y en la Escuela de Salamanca
España ha sido origen del sentido de filiación divina, piedra angular de la civilización cristiana, lo más opuesto al islam, para el que llamar padre a Dios es una blasfemia. Alá no muere para redimir al ser humano. Cristo sí.
Existen, además, razones históricas: al islam, España le paró los pies en Europa occidental y eso nos costó 700 años de lucha. La reconquista detuvo al islam al otro lado del Estrecho de Gibraltar.
España también detuvo al islam en el Mediterráneo. Esta vez en 700 años y en un solo día en la batalla de Lepanto, con don Juan de Austria al frente. Sólo los husares alados polacos, en 1683, del Rey Juan III Sobieski lograron una victoria tan decisiva como la de Lepanto, cuando cargaron contra los otomanos para salvar Viena, la antigua capital del Sacro Imperio Romano Germánico.
Volvamos a España. A los musulmanes les paramos los pies en Europa, en La Reconquista y en Lepanto. No nos tienen ningún cariño desde entonces y en la actualidad no vienen a España para contribuir al bien de España, que les importa un bledo.
Vienen a conseguir los 'derechos', las 'paguitas' de las que carecen en sus países de origen y forman verdaderos guettos de odio a todo lo español.
Otro silencio vergonzante del Sanchismo es que el islam odia todo lo que huela a cristiano y considera a la mujer occidental como una prostituta
Otro enemigo de España es el luteranismo anglosajón, producto de ese peligroso hereje, un déspota de carácter, de talante y de acción, llamado Lutero. Los protestantes, en su expansión hacia el sur de Europa, llegaron hasta allí donde les permitieron las armas españolas de Carlos V y Felipe II.
A los calvinistas, hacedores del capitalista mundo anglosajón le detuvieron las armas españolas en Europa, los jesuitas españoles en Trento y los dominicos de Francisco de Vitoria y la genial Escuela de Salamanca, que creían en la libertad el hombre, hijo de Dios, negaban la predestinación y, por tanto, luchaban contra la pobreza.
Por todo ello y por alguna cosa más, la regularización de Sánchez no es un peligro por los hispanos que llegan -éstos nunca son un peligro salvo cuando están influidos por el gregarismo anglosajón- sino por los islámicos.
Por cierto, el mahometanismo siempre ha sido racista con los negros, al contrario que el cristianismo. Por eso, el islam utiliza a los africanos musulmanes como punta de lanza en Europa.
En todo caso, el silencio más vergonzante del Sanchismo con la actual regularización caótica de inmigrantes, es el de que el islam odia todo lo que huela a Cristiano y considera a la mujer occidental como una prostituta. Algo que no podemos tolerar. De ahí proceden mucho de nuestros males actuales.