Decía Cristina Martín en Hispanidad que en Europa se ven diversas muestras de la colonización económica por parte de Asia, y esta llega especialmente desde China, pero no sólo a través del sector del automóvil. Ahora Puma se convierte en una muestra de este proceso, pues ha despertado el interés de las empresas del gigante asiático Anta Sports.

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Recuerden que Puma es una marca de calzado y ropa deportiva alemana que fundó Rudolf Dassler en junio de 1948, al separarse la empresa donde trabajaba con su hermano Adolf (más conocido como “Adi”) en dos compañías distintas. Este último había empezado a producir calzado deportivo en la lavandería de su madre cuando volvió de la Primera Guerra Mundial, pero como su padre trabajaba en una fábrica de zapatos y los hermanos Zehlein hacían costuras a mano para calzado de atletismo, le apoyaron para poner en marcha su propio negocio y en 1924 se sumó su hermano Rudolf. Con el ascenso de Adolf Hitler ambos se unieron al partido nazi, Rudolf fue movilizado en la Segunda Guerra Mundial, mientras que Adi Dassler sólo fue reclutado seis meses y se le dejó volver a la fábrica de zapatos, donde se producían botas militares y lanzagranadas.

Entre los hermanos Dassler surgieron diferencias durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Adi ya no apoyaba tanto a Hitler como sí hacía Rudolf. Así, años después de que acabara el conflicto, pues Rudolf llegó a ser capturado por las tropas estadounidenses, en 1948, la empresa de los hermanos se separó en dos: Rudolf creó Ruda (que más adelante pasaría a llamarse Puma) en junio de 1948 y Adi fundó Adidas en agosto de 1949. Más adelante, Armin Dassler, hijo de Rudolf, fue el artífice de la expansión y la internacionalización de Puma, que hoy ocupa el tercer puesto mundial, tras la estadounidense Nike y la germana Adidas.

Volviendo a su venta, Puma ha despertado el interés de Anta Sports Products (que tiene a Fila entre sus marcas), llegando a un acuerdo con Groupe Artémis, la sociedad de inversión de la familia Pinault, para adquirir una participación del 29,06% (43 millones de acciones ordinarias a un precio de 35 euros por acción), valorada en 1.505 millones de euros en efectivo, pasando a ser el principal accionista de la marca deportiva alemana. La noticia ha gustado al mercado, y Puma repunta cerca de un 6% en bolsa, hasta los 22,88 euros por título.

La transacción se cerrará a finales de 2026 y está sujeta a las aprobaciones regulatorias pertinentes y a las condiciones de cierre habituales y se financiará íntegramente con los recursos internos de Anta Sports. "Esta adquisición convierte a Anta Sports en el mayor accionista de Puma y marca un gran avance en nuestra estrategia de globalización multimarca y de enfoque único", ha destacado Ding Shizhong, presidente del consejo de administración de la empresa china.

Al hilo de Anta, cabe referir que en 2019, formó parte del consorcio que pagó unos 4.500 millones de euros por el grupo finlandés Amer Sports (dueño de la marca francesa Salomon y la canadiense Arc’teryx). Ahora parece que quiere seguir creciendo en el negocio de calzado y ropa deportiva, y ha puesto sus ojos, de nuevo, en una empresa europea, en concreto, en la alemana Puma. De esta forma, podríamos estar ante un nuevo caso de colonización asíática, tras los que se han visto en la compañía alemana MediaMarkt (comprada por el gigante chino de comercio electrónico JD.com), la española Wallapop (la cual ha caído en manos del gigante de Internet surcoreano Naver, conocido como ‘el Google surcoreano’), el gran éxito de los muñecos chinos Labubu y su aterrizaje en España con su primera tienda en Barcelona, y la invasión de las marcas automovilísticas chinas (BYD, MG, Omoda, Jaecoo, Leapmotor, Evo, Zpeng y Dongfeng, entre otras muchas)... aprovechando la crisis mundial que vive dicho sector.

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En todo esto, no se puede perder de vista quiénes son los principales accionistas de Puma: la familia Pinault (a través de su holding Groupe Artémis) controlaba el 29% del capital, que ahora pasa a manos de los chinos, el grupo francés de lujo Kering (que es propiedad de la familia Pinault en un 42,3% y que posee Gucci, Balenciaga, Saint Laurent y Bottega Veneta, entre otras firmas) tiene un 9,8% y también hay presencia de varios fondos de inversión. A todos ellos, pero especialmente a los fondos, no les hace gracia que la marca acumule una depreciación bursátil de casi un 76% en los últimos cinco años ni tampoco las pérdidas registradas en el primer semestre. Sólo en el último año, la pérdida de valor en bolsa es de casi un 55%, aunque en los últimos cinco días se ha revalorizado un 26%.

Ante la crisis del sector del lujo (algo que está afectando especialmente a los grupos franceses LVMH, Hermès y Kering), Kering se planteó vender su 29% de Puma el pasado mayo, meses antes de que el italiano Luca de Meo optara por dar un volantazo a su trayectoria laboral y cambiar completamente de sector, dejando de dirigir Renault para convertirse en su nuevo CEO el pasado 15 de septiembre, aprovechando que François-Henri Pinault (63 años) había decidido dar un paso atrás, y este último ha pasado a ser presidente del Consejo de Administración del citado grupo de lujo. El pasado septiembre, la familia Pinault decidió esperar a tiempos mejores para vender su participación del 29%... hasta ahora. Cabe recordar que en los últimos años, el grupo Kering ha ido desinvirtiendo en Puma: en 2018 pasó del 86,3% al 16%, al escindir Puma y apostar más por centrarse en el lujo; y en 2020 redujo su participación al vender un 5,9%, quedándose con un 9,8%. Estas desinversiones de Kering en la marca de calzado y ropa deportiva alemana fueron aprovechadas por los fondos y otros inversores, así como por la familia Pinault. Además, la familia Pinault ha recibido dinero fresco el pasado mes, con la primera operación de Luca de Meo: la venta de su división de belleza a L'Oréal por 4.000 millones.