Este jueves ha empezado con una noticia de calado en el sector energético de España y de Portugal. Y es que Moeve (antes Cepsa) y Galp han anunciado la fusión de sus negocios de downstream (refino, procesamiento, distribución y comercialización de productos derivados del petróleo), lo que se resume en sus estaciones de servicio y sus refinerías, principalmente.

Vayamos por partes. Tanto la petrolera con sede en Madrid, que está controlada en un 61,5% por el fondo soberano de Abu Dabi (Mubadala) y en un 38,5% por el fondo de inversión estadounidense Carlyle, como la petrolera portuguesa mejoraron sus números en los nueve primeros meses de 2025, por la recuperación de los márgenes de refino, pero aún notaron el abaratamiento del crudo.

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En el caso de Moeve, la rentabilidad se movió a la baja y la deuda se redujo debido a las menores inversiones. No se puede perder de vista que Carlyle entró en su accionariado hace más de seis años (a mediados de octubre de 2019, se hizo con el 37% del capital y unos meses después, en marzo de 2020, elevó su participación al 38,5%), por lo que su ciclo de inversión ya estaría maduro, pues los fondos de inversión suelen tener un horizonte de inversión de unos cinco años en una compañía... y luego optan por salir, con plusvalías, claro está. En Moeve, Carlyle ha tenido algo complicado sacar dinero hasta ahora porque se frustró la operación de salir a bolsa en varias ocasiones, pero también ha influido el plan estratégico puesto en marcha y el impuestazo energético que estuvo en vigor los años 2023 y 2024, pero ahora podría tener una oportunidad y empezar a dar pasos hacia su futura salida. Mubadala también quiere obtener dinero, claro está, pero no tiene tanta prisa al ser el fondo soberano de Abu Dabi y contar con gran cantidad de petrodólares.

Por su parte, en el accionariado de Galp, cabe referir que están el Estado portugués y también el angoleño. Es cierto que el 55,1% del capital es free float, es decir, está en manos del mercado (entre sus inversores hay varios fondos, como el estadounidense Massachusetts Financial Services Company, que controla entre el 5% y el 10% de los derechos de voto). El resto del capital se reparte entre: un 8,24% de Parpública (vehículo para las participaciones del Estado luso, similar a nuestra SEPI) y un 36,69% de Amorim Energia. Esta última compañía tiene su sede en Países Bajos y sus accionistas son dos empresas controladas por la familia portuguesa Amorim (Power Oil & Gas Investments BV y Amorin InvestimentosEnergéticos SGPS), que tienen un 35% y un 20%; y otra compañía (Esperaza Holding BV) que dirige la petrolera estatal de Angola, Sonangol, posee el 45% restante. Además, cabe recordar que Galp surgió con la conversión en sociedades anónimas de las empresas estatales dedicadas a petróleo y gas (Petrogal y Gás de Portugal) y la creación de una sociedad de gestión de dichas participaciones... que más adelante se privatizó, aunque el Estado luso pasó a conservar parte del capital (un 8,24%), porcentaje que no es pequeño y que supone bastante influencia..., algo que se puede ver muy bien en Telefónica, donde el Estado español a través de la SEPI controla el 10%.

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Volvamos a la operación anunciada entre Moeve y Galp: la fusión de sus negocios de downstream. Al contrario de lo que se suele pensar, la unión no creará un grupo más grande sino dos plataformas... y ambas petroleras verán reducido su tamaño en un futuro más próximo que lejano. En concreto, será una plataforma industrial (agrupando sus negocios de refino, trading, química y energías basadas en moléculas verdes -los biocombustibles y el hidrógeno verde-), que se llamará IndustrialCo; y una plataforma de retail (incluyendo sus estaciones de servicio en España y Portugal) denominada RetailCo. IndustrialCo estará controlada en un 80% por los accionistas de Moeve (los fondos Mubadala y Carlyle) y Galp tendrá una participación del 20%, mientras que RetailCo estará controlada al 50% por Moeve y Galp.

Se espera que el acuerdo de fusión de sus refinerías y gasolineras se cierre a mediados del año, pero no será el último paso porque ambas petroleras buscan monetizar el segmento comercial (o sea, las estaciones de servicio) en un momento álgido del sector, uniendo las de sus marcas propias y también otras low cost (recuerden que Moeve compró Ballenoil)... y llegando a unas 3.500 entre España y Portugal, con la vista puesta en dar el pase a un tercero en un futuro. De esta forma, Moeve podrá centrarse en la parte industrial y acelerar la transformación de sus activos de refino y de petroquímica en los parques energéticos que tiene en San Roque (Cádiz) y La Rábida, en Palos de la Frontera (Huelva) así como incorporar a su cartera la refinería de Sines (Portugal).

Por su parte, Galp reducirá su exposición en el negocio industrial, el cual no le interesaba y prueba de ello es que cerró la refinería de Matosinhos en 2021, y podrá centrar su foco en el negocio de upstream (exploración y producción de petróleo). Además, el acuerdo con Moeve no incluye varios negocios de Galp, en concreto, el upstream, las renovables, así como el suministro y el trading de petróleo, gas y energía... no olviden que el Estado luso está en su accionariado... y también el angoleño. Eso sí, Moeve ha ido reduciendo su papel en upstream, donde ya solo le quedan los activos de Argelia.

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