Tal y como adelantara Hispanidad, Ángel Simón se ha convertido en presidente ejecutivo de Indra. Lógico, dado que, ya entrado el día de Jueves Santo, hace ahora algo más de cuarenta jornadas, Simón sustituyó a Ángel Escribano en lo que en este diario calificó como "salida en falso". Desde el primer momento, el que fuera CEO de Criteria y antes máximo directivo de Agbar -hoy Veolia- dejó claro que no estaba dispuesto a ser un presidente honorario.

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En todo caso, sigue siendo un enigma por qué a última hora de la tarde del 1 de abril se anuncia el nombramiento de Simón como presidente y en las primeras horas de la madrugada del ya Jueves Santo se nos dice que será presidente no ejecutivo y que el primer ejecutivo de Indra será el CEO, José Vicente de los Mozos. 

Pues bien, éste último ha durado poco más de 40 días: el lunes 18 de mayo, Moncloa filtra que Ángel Simón pasa a ser presidente ejecutivo y De los Mozos se vuelve a IFEMA, donde no cobra, una vez pactado en Indra el bonus cuyo periodo oficial de vencimiento era el próximo 31 de diciembre de 2026. 

Moncloa ha pedido a Margarita Robles que le dé un respiro a Simón, para que Indra no se convierta en otro fracaso del Gobierno... como Telefónica

Ahora, finalmente, Ángel Simón es presidente Ejecutivo, tal y como pretendía su mentor, el presidente de la Generalitat, el socialista Salvador Illa.

Aunque hay algo que sigue siendo un enigma, al menos para Hispanidad: por qué no se le nombró presidente con todos los poderes desde el primer día. Sin duda, se trata de una más de las meteduras de pata de don Manuel de la Rocha, el intervencionista de cámara del Gobierno Sánchez, un Ejecutivo intervencionista hasta la médula.

Dos tareas para Simón, la una, coyuntural; la otra, estructural. Empecemos por la primera, la más llamativa pero menos relevante: si ahora Indra compra EME, es decir, la operación abyecta, de los hermanos  Escribano, deberá poner un precio lógico. En Indra dicen que EME vale 800 millones. Según facturación, que no según pedidos -que no dejan de ser un niño en las rodillas de los dioses- se trata de un precio ya de por sí alto. Pero es que los Escribano reclaman la locura de 2.500 millones de euros, al tiempo que aseguran que sin ellos Indra no podrá cumplir sus compromisos de entrega a defensa.

La segunda tarea pendiente, la estructural, la importante, es la clave de Indra, aquella de la que se habla poco en los medios y se oculta en la empresa: mejora la capacidad industrial de la compañía. De entrada, que pueda cumplir con esos pedidos del Ministerio de Defensa... que ya está incumpliendo. 

Y esto es bello e instructivo porque lo de incumplir, en tiempo o en forma, los contratos con las administraciones públicas, era lo que más nervioso podía poner al hombre de Veolia-Agbar, ahora máximo ejecutivo de la estrella bursátil española, Ángel Simón. 

Aún no sabemos si habrá un ejército europeo. Gestionar Indra ahora mismo resulta muy complejo, porque vivimos en un mundo en guerra o en pre-guerra, en el que sólo existe una cosa clara: que todo está oscuro

En resumen, hablemos claro, Indra es un buen proyecto para crear una industria de Defensa española pero no conviene hacerse trampas en el solitario: ahora mismo, Indra, no posee ni las patentes, ni la capacidad industrial necesaria para cumplir los pedidos presentes que tiene del Estado y que aún serán mayores en un futuro próximo. Al menos, si la idea de un ejército europeo continúa adelante... que también lo dudo, porque vivimos en un mundo en el que sólo existe una cosa clara: que todo está oscuro. Sencillamente, todo está oscuro en el bazas del armas, precisamente porque quien no está en guerra está en preguerra. 

Mejorar la capacidad industrial de Indra, una empresa extraña, a la que le sobran ingresos y le faltan medios para conseguirlos, es una tarea que llevará tiempo pero que hay que comenzar ahora mismo. Hablamos de aviones, de satélites, de drones y de misiles... por si alguno se me había perdido. 

Y encima con un sólo cliente: el Estado.

Por de pronto, Moncloa ha pedido a Margarita Robles que le dé un respiro a Simón, para que Indra no se convierta en otro fracaso del Gobierno... como Telefónica. Y que conste que la que entiende de armamento no es Margarita Robles -que no tiene ni idea- sino la que fuera su secretario de Estado, hoy directora del CNI, Esperanza Casteleiro Llamazares.

Por cierto, ¿se necesita un soporte ético para trabajar fabricando armas? Más que en ningún otro sector. En éste, hasta cuando te defiendes, matas. Pero sí que existe la guerra justa o, al menos, guerras menos injustas que otras.