La imparable colonización automovilística china ya muestra jugosos frutos para algunos de sus protagonistas. Por ejemplo, Geely, que ha logrado récord de ingresos en el primer semestre; y Chery, que por primera vez ya factura más fuera del gigante asiático que dentro.
Los fabricantes automovilísticos chinos están sacando provecho de la crisis mundial del sector (en parte por culpa de los vehículos eléctricos, con sus caros costes de producción, altos precios y baja demanda en Occidente), beneficiándose de haber llevado la delantera en baterías y encima, controla el 70% del litio y el 90% de las tierras raras. En los últimos tiempos, ha decidido exportar la competencia que múltiples marcas chinas tenían dentro de sus fronteras al exterior, suponiendo un difícil pulso para las occidentales y con unos aranceles que están sirviendo de poco. Esto es algo que conoce muy bien, tristemente, España, donde ya hay 40 marcas chinas vendiendo vehículos pero ninguna fabricándolos desde cero, y por ahora, sólo Chery (dueña del 40% de la marca Ebro; el 60% restante es de la española EV Motors) ensambla piezas que produce en China en la planta de la Zona Franca de Barcelona.
Vayamos a los resultados y por partes. Geely (dueño de la marca del mismo nombre, Lynk & Co y Zeekr, entre otras) ha logrado un récord de ingresos en el primer semestre, alcanzando unos 22.200 millones de euros, lo que supone un 15% más que hace un año. Algo en lo que ha contribuido un volumen de ventas de 1,42 millones de vehículos, destacando las más de 580.000 unidades de la serie Geely China Star y los 520.000 de la gama Geely Galaxy. Además, sus exportaciones se han disparado un 158%, hasta 474.000 vehículos, por lo que ha ampliado su objetivo anual de 640.000 a 920.000, e incluso aspira a acercarse aún más al millón.
Por su parte, el margen bruto ha aumentado hasta el 17,9%. El beneficio ordinario atribuible ha subido un 46%, hasta unos 1.238 millones. Su inversión en I+D ha ascendido a 1.159 millones (+8%) y ha mejorado su eficiencia operativa, y ahora quiere acelerar la electrificación de sus vehículos con motor de combustión a través de los híbridos. Además, cabe referir que Geely es el primer accionista de Volvo Cars (turismos) y Volvo Group (camiones, autobuses y maquinaria), es el dueño del 50% de Smart (marca que comparte con Mercedes-Benz), es socio de Renault y la petrolera saudí Aramco en Horse (compañía que se escindió del grupo automovilístico francés y que se dedica a producir motores de combustión interna, sistemas híbridos avanzados, baterías y cajas de cambio en dos plantas situadas en Valladolid y Sevilla) y se acaba de aliar con Ford en la fábrica de Almusafes (Valencia), algo de lo que ha presumido Pedro Sánchez…
Vayamos a Chery, cuyos resultados van mejor en ingresos que en beneficio. Hasta junio, ha tenido una cifra de negocios de unos 18.232 millones de euros, un 1,2% superiores a los de hace un año. Claro que más que por la cifra, lo más destacable ha sido que, por primera vez, la facturación obtenida fuera de China (12.594 millones, un 51% más) ha superado a la de dentro (5.640,4 millones, un 41,7% menos, en un contexto de descenso de ventas locales por la fuerte competencia). Además, las ventas de vehículos de modelos de combustión han bajado un 24,8%, a 8.843 millones; mientras que la de modelos de nueva energía se ha disparado un 63,8%, hasta 7.542 millones.
Sin embargo, el beneficio neto atribuido ha descendido un 11,7%, a 1.090 millones, por el tipo de cambio, el aumento de gasto en I+D, los mayores gastos administrativos e impuestos. Y su plantilla ha crecido en 13.324 empleados, hasta un total de 71.580 en todo el mundo.
Y ojo, porque Sánchez ha convertido España en el coladero de inmigrantes marroquíes y de empresas chinas en Europa. Además, el Ministerio de Defensa y el CNI ya han advertido sobre la futura planta de la china MG en Ferrol (La Coruña) por riesgos para la seguridad nacional.