En este contexto de crisis mundial del automóvil, que a la vez está experimentando una fuerte colonización de las marcas chinas, Volkswagen está peor que otros grupos. El pasado marzo anunció 50.000 salidas en Alemania hasta 2030, cifra que luego elevó a 100.000 y ahora, presionado por sus principales accionistas (las familias Porsche y Piëch, a través del holding Porsche SE), ha confirmado que ejecutará 50.000 despidos en su país, lo que ha causado un choque con la plantilla y los sindicatos.
El CEO del grupo automovilístico alemán, Oliver Blume, ha hablado del “programa de transformación más grande en la historia de nuestra empresa” y ha pedido colaboración para que se produzca, según las declaraciones que ha recogido Reuters. Algo que lógicamente no ha provocado aplausos, sino abucheos y protestas de empleados y sindicatos.
Una reestructuración que no sólo supondrá 100.000 despidos (50.000 de ellos, en Alemania) hasta 2030, sino también: un recorte de gastos generales de 11.000 millones de euros, el posible cierre de cuatro plantas en Alemania (la de Audi en Neckarsulm y las de Volkswagen en Hannover, Zwickau y Emden), la reducción de la capacidad productiva a 9 millones de vehículos, una reorientación comercial rebajando el número de modelos a la mitad y sus variantes hasta un 75%. Además, el grupo estudia separar sus divisiones de componentes y reorganizar la estructura de la marca Volkswagen para simplificar la toma de decisiones y acelerar los procesos internos.
El tijeretazo de 100.000 empleados en la plantilla representa un 15% del total, que se sitúa en unos 660.000. En Alemania, se está hablando de despedir a 50.000 trabajadores de un total que asciende a 248.000, y de cerrar cuatro de sus 13 fábricas. Unos recortes que Blume ve imprescindibles para recuperar competitividad y reducir unos costes que ahora son un 30% superiores a los de sus rivales, a pesar de que apuntaron a señales positivas de recuperación cuando presentaron los resultados del primer semestre.
Sin embargo, desde el sindicato IG Metall, se tilda el tijeretazo de “descabellado” y se apunta que los trabajadores están dispuestos a ir a la huelga si la dirección lo mantiene. Desde el comité de empresa de Volkswagen se ha defendido las plantas alemanas como “una parte integral” del grupo y se ha rechazado el cierre de cuatro. Eso sí, cabe destacar que los ajustes aún no han sido apoyados por el Consejo de Supervisión (el órgano que de verdad manda en las empresas alemanas porque supervisa lo que decide el Consejo de Administración y es el que tiene la última palabra). Y ojo, porque en dicho órgano los representantes de los trabajadores y el estado federado de Baja Sajonia tienen bastante influencia: los primeros ocupan la mitad de los asientos (o sea, 10 de un total de 20) y el estado de Baja Sajonia posee un 20% del grupo que le otorga dos sillas. El Consejo de Supervisión del grupo Volskwagen está presidido por Hans Dieter Pötsch, que además es presidente del Consejo de Administración del holding Porsche SE (el principal accionistas del grupo automovilístico alemán con sede en Wolfsburgo).
Por ahora, no se sabe si el ajuste afectará a la planta que el grupo alemán tienen a las afueras de Pamplona (Navarra) y/o a la filial españoa SEAT, que vende vehículos de las marcas Seat y Cupra, y tiene fábrica en Martorell (Barcelona).