La Audiencia Nacional, por fin, ha decidido juzgar a Francisco González (FG) y a otros directivos del BBVA así como a la persona jurídica BBVA por el caso Villarejo. La instrucción de Manuel García-Castellón ha sido asumida por la sala, quien ha rechazado todas las impugnaciones.
Se acusa a los afectados de dos delitos: revelación de secretos y cohecho. Lo de cohecho por haber comprado a un funcionario público, el comisario Villarejo, lo de revelación de secretos por razones obvias: el amigo 'Villa' se dedicaba a grabar conversaciones privadas de políticos, banqueros y periodistas, para entregárselos, previo pago, al BBVA.
Ahora bien, aunque resulte menos morboso, parémonos ahora a pensar en la imputación a la persona jurídica BBVA. Desde que el Gobierno de Rodríguez Zapatero decidió que las personas jurídicas también podían ser objeto de imputación, resulta que el BBVA se sienta en el banquillo.
Primero: ¿quién le representa? Porque quien le represente puede acabar en el trullo. Lo lógico sería que el presidente, Carlos Torres Vega, diera un paso al frente y decidiera representar a su propio banco -¿quién mejor?- en el banquillo de los acusados. El hombre que no ha dimitido tras fracasar su opa sobre el Santander, ¿dimitirá si el banco es condenado?
El logotipo de BBVA no puede entrar en Soto del Real. Pero el supervisor, el Banco Central Europeo (BCE), sí que puede forzar cambios en un banco condenado. El negocio bancario se basa en la confianza y los pagos del BBVA a Villarejo, no ofrece mucha confianza.
Y con el BBVA en el banquillo puede ser el momento en que el enrocado Carlos Torres acepte una de las dos opciones que tiene ante sí: una vez que el Santander ha rechazado la operación de fusión con el BBVA, pues Ana Botín ha cambiado de estrategia, pero le quedan las opciones de echarse en manos del PNV, lo que no estaría mal visto por Moncloa, o bien ir a una fusión con el Unicredit de Andrea Orcell
El futuro del BBVA vuelve a estar marcado por Villarejo.