Mi ronco favorito me espera en la Avenida Julio Linares, semiesquina avenida César Alierta, en el interior del distrito C, sede central de Telefónica: "Te dije que no vinieras por aquí: estás en la lista de periodistas no-amigos, a los que tenemos que desprestigiar. Lo mejor es que te vayas".
Como uno es muy obediente abandono la casa y me vuelvo en metro, para no dejar huellas y eso, que lo he visto en una peli de Michael Caine. Por cierto, no crean que se trata sólo, de periodistas que escriben en medios de derechas. Entre los perseguidos... ¡hay un 'rogelio'! Y es que a los responsables de imagen de Marc Murtra les va el pluralismo.
Nada mejor para pensar que el metro. Astuto como soy, concluyo que Telefónica es la historia de un declive: de Alierta a Pallete y de Pallete a Murtra. Siempre cuesta abajo, como la cotización de la compañía.
La policía busca un contrato de asesoría de Telefónica con Zapatero, similar al que Murtra firmó en Indra cuando era presidente de la ingeniería de Defensa. Una pregunta: ¿para qué sirve el Consejo de Telefónica?
Ahora mismo, lo que más le preocupa al presidente, Marc Murtra, y para ello convocó a una serie de periodistas... y la cosa le salió de color de hormiga, es demostrar lo indemostrable: que él no es un presidente político y que, por tanto, permanecerá al frente de Telefónica cuando el PP y Vox suban al poder.
Por partes, que dijo Jack el destripador. El plan de Alberto Núñez Feijóo para Telefónica y para Indra, consiste en sacar al Gobierno del embolado donde se ha metido y dejar obrar al mercado, que sea el mercado el que compre la participación gubernamental. En el caso de Telefónica, vender el 10% del capital, en principio en el mercado,
Ahora bien, los hay que no confiamos en que el Feijóo bueno, el estadista, le gane la partida al Feijóo malo, el partidista peligroso, que se quedará en Telefónica y en Indra, y hasta que haga las mismas mamonadas que está perpetrando Pedro Sánchez. Y así, el Feijóo malo podría venderle el 10% de la SEPI, mismamente, a Florentino Pérez, que lo desea desde hace mucho tiempo. ¿Electrizante, verdad? Pues bien, créanme: el asunto está sobre la mesa.
Lo cierto es que el Gobierno nunca debió entrar en Telefónica (Indra es otra cosa, es una empresa de armamento y sólo tiene un cliente: el Estado). No ha hecho más que destruir la compañía nombrado amigos, amigos de ZP, que no han obtenido el precio al mejor gestor del año.
Llegados al momento presente, digamos que todo parte de ese 'equívoco': Marc Murtra no ha conseguido el beneplácito del PP -que no debería haber buscado, debería haberse centrado en la gestión- pero él piensa que sí, porque así se lo dicen los que financia para simpatizar con el PP... y porque Murtra ha olvidado que Feijóo es gallego. Lo único que ha conseguido don Marc es encabronar a Pedro Sánchez, a quien tanto defiende en privado, es decir, enfadar a un ególatra que exige lealtad perruna y que no distingue entre servidores y sirvientes.
Encenderle una vela a San Miguel y otra al diablo está mal pero, ante todo, supone un juego arriesgado. Entre otras cosas, porque intentar agradar a quien ahora mismo manda en Moncloa y a quien se supone que va a mandar en breve, todo a un tiempo, es tarea compleja.
Además, no esta el horno para bollos en la Avenida Julio Linares ni en la Avenida César Alierta: ahora mismo, la policía busca un contrato de asesoría de Telefónica con un tal José Luis Rodríguez Zapatero, el mismo contrato que Murtra firmó en Indra cuando era presidente de la ingeniería de Defensa. Bueno, en Indra no se llegó a firmar porque se opusieron los independientes, En Telefónica, sí. Me gustaría saber en qué cajón anda perdido.
Campaña para desprestigiar a periodistas críticos. ¿Se puede caer más bajo? Una campaña que es inmoral, ineficaz... y encima onerosa
Paréntesis. Lo anterior nos lleva a la siguiente pregunta: ¿para qué puñetas sirve el Consejo de Telefónica? ¿No es capaz de detener un contrato de asesoría con un expresidente que puede terminar en la cárcel y destruir la ya dañada reputación corporativa de Telefónica? Además, hablamos de un ex presidente del Gobierno que, sin necesidad de contrato alguno, eso sólo es dinero, manda mucho en Telefónica, a través del inefable Javier de Paz y del CEO que le ha colocado a Murtra, Emilio Gayo, quienes no se caracterizan, precisamente, por sus rutilantes éxitos de gestión. Un Emilio Gayo al que propio Murtra ha intentado relevar, y no lo ha conseguido, o un Javier de Paz que ya ha pactado con Murtra, deseoso de que te marches, hermano socialista, antes de que te imputen en el caso ZP, qué indemnización se llevará si tiene que abandonar la Presidencia de Movistar+... por ejemplo imputado en el Sumario ZP.
Quiero decir que, a estas alturas, ZP ya no sólo está mal visto por sus relaciones con Huawei, la empresa del Partido Comunista Chino, que tanto Washington como Bruselas consideran un peligro para la seguridad de Occidente, sino que se ha convertido en un marginado dentro de la familia socialista, desde que se metió a joyero. Lógico; muchos gerifaltes del Gobierno y del Parlamento han puesto la mano en el fuego por ZP y se la han quemado.
De ese contrato, poco público, para que ZP asesore a Telefónica, algo sabe Pablo de Carvajal, un socialista de pro, secretario del Consejo de Telefónica, mandamás jurídico de la compañía y responsable de Regulación, todo un poder en la teleco. Socialista, of course.
Vamos desde Alierta a Pallete y de Pallete a Murtra: un plano inclinado: de espaldas, cuesta abajo y sin frenos.
En estas circunstancias, no es de extrañar que Enrique Goñi, el presidente de la Fundación Telefónica y presunto amigo de Murtra, aspire a la Presidencia de Telefónica.
Un último punto, de vuelta a la campaña para desprestigiar a periodistas críticos con Telefónica: ¿se puede caer más bajo? Una campaña que, por cierto, resulta inmoral, ineficaz... y encima onerosa.