Llevamos una semana tremenda, que empezó con el pavoroso accidente ferroviario de Adamuz, 45 muertos. El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha dicho que sería bueno que bajara el "suflé emocional". 

El análisis psicológico de Óscar Puente no precisa de expertos en psicología. Don Óscar no es tonto, es malo. Dice lo que dice porque tiene aún mala leche de a kilo, y si puede arrear una dentellada te la arrea. 

Y la imagen del suflé no es mala, porque es propio de cualquier ser humano responder a la tragedia con rabia. Por ejemplo ciscándose en la madre del señor ministro, la pobre, créanme, no tiene ninguna culpa. 

La injuria no tiene entidad como para convertirse en un cuestión de fondo. Pero pedir que se rebaje el nivel emocional, con los cadáveres aún calientes, no consolará a los familiares de las víctimas.

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Además, la cuchufleta siniestra de 'polvorilla' Puente impide profundizar un pelín.

La cuestión la describe una anécdota del Franquismo, cuando visitó España un ministro estadounidense, quien manifestó su asombro: este es el único país en el que las carreteras las construyen empresas privadas mientras los coches que circulan por ellas los fabrica el Estado (hablaba de SEAT).

Ahora ya no ocurre eso y resulta que tanto en agua, como en telecos, como en redes de transporte... es la iniciativa privada las que construye las infraestructuras. 

Ahora bien, Adif no es privada. Construya quien construya las vías, lo cierto es que debe construirlas bien. Y parece como si el ánimo de lucro también hubiera llegado a la pública Adif, porque ha multiplicado el numero de 'Aves' que circulan por la misma vía, lo que exige un mayor coste en mantenimiento y, en cualquier caso, un mayor riesgo. 

El accidente de Adamuz se debió a un fallo en las infraestructuras, en la vía, por la que Adif cobra un canon durísimo a las operadoras (Renfe, Ouigo e Iryo)... y aún así no amortizará jamás la inversión realizada en la vía. 

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Ahora bien, bien está que Adif tenga un poquito de sentido gerencial, aunque sea una empresa pública pero su principal cometido es la calidad el producto y mantener sus vías en buen estado.

Las infraestructuras para el Estado y las sobreestructuras para los privados. No era mala idea, pero hay que desarrollarla bien. 

De esto debería preocuparse Oscarín y no del suflé emocional. Bueno y también de no tener tan mala leche. 

Y por cierto, la chapuza ferroviaria continúa y Oscarín no dimite... por higiene democrática y eso.