Como escribí hace algún tiempo, un artículo periodístico no debe quedarse en reflejar unos hechos actuales sin más, sino que debe ser “una reflexión para otra reflexión”. Es decir, que el periodista debe pensar sobre el sentido de ese acontecimiento y transmitírselo al lector de tal manera que provoque en éste su propia reflexión sobre el significado de ese hecho.

Claramente, el acontecimiento más importante de esta semana para muchos medios y muchas personas ha sido el eclipse del miércoles 12. Pues, como ya nos avisó el pensador francés Guy Debord en 1967 vivimos en“La sociedad del espectáculo”. Y también, como veinte años más tarde escribiera otro pensador galo, Gilles Lipovetski, estamos en “El Imperio de lo efímero”.

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Y que nos mantengamos en esas coordenadas interesa mucho a los poderes dominantes. De ahí que TVE haya sido, desde hace meses y machaconamente, el principal promotor de este acontecimiento cósmico, exagerando su importancia hasta niveles insospechados, de modo que, amén de declaraciones admirativas que bordearon el ridículo y nos retrotrajeron al paganismo, el eclipse eclipsó en su programación cualquier otro hecho (tremenda y gravísima situación social en Ceuta, terremoto en Colombia, y un largo etcétera), salvo el partido de fútbol del Real Madrid en La Coruña, que retransmitió al acabarse el “espectáculo del siglo”.

Pero, dejando aparte el interés político del Gobierno en servirse del eclipse para eclipsar su propia felonía y traición a España y su gasto desmesurado en caprichos hedonistas particulares con el dinero expoliado a los españoles, el eclipse ha constituido una metáfora útil para describir determinadas situaciones de diversa índole.

En este sentido, muchos recordamos aquella canción de Bonnie Tyler, Total eclipse of the Heart, que era una descripción del desamor profundo. Y también, desde Hannah Arendt hasta hoy, las referencias de algunos escritores, entre los que me encuentro, al “eclipse de la razón” como diagnóstico certero de la situación de nuestra sociedad. Y que tiene su causa y su efecto (esta aparente paradoja la explicaré otro día) en el eclipse del amor a la verdad.

Y la primera verdad que toda persona, de modo natural, si no ha sido corrompida en su razón y en su corazón por “Mefistófeles”, sabe y comprende sobre sí misma es su condición de creatura. Y sobre la naturaleza, ya sea la minúscula de las plantas o la mayúscula de los astros, su inteligencia natural le dice que ha sido creada.

Lo antinatural fue que en ningún comentario de los presentadores y de los cientos de entrevistados en esa cadena citada y en las demás no hubiese ni la más mínima referencia al Creador del hombre, del sol, de la luna, de las estrellas… y de los eclipses

No es ni mucho menos malo, sino algo normal y natural, que muchísima gente quisiera ver ese espectáculo cósmico, sino que lo antinatural fue que en ningún comentario de los presentadores y de los cientos de entrevistados en esa cadena citada y en las demás no hubiese ni la más mínima referencia al Creador del hombre, del sol, de la luna, de las estrellas… y de los eclipses.

Posiblemente algunas de las personas entrevistadas sí lo considerasen en su corazón, pero no se atrevieron a manifestarlo. Pero me temo que la mayoría fuese como aquellas que cuando un hombre señala a la luna se quedan fijas mirando el dedo. En este caso, sí miraban a la luna, pero no a Su Creador.

Precisamente, y quizás también providencialmente, esa mañana del miércoles el salmo responsorial de la Misa decía que “La gloria del Señor se eleva sobre los cielos”. Y la segunda estrofa, comienza diciendo: “De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor”.

Lo cual nos remite, por ejemplo, al salmo 18, cuyo inicio reza así: “El cielo proclama la gloria de Dios, y el firmamento la obra de sus manos”.

De hecho, el asombro ante la magnificiencia de la naturaleza, ante el orden del Universo, ha hecho que las personas, de modo natural, descubran a Dios Creador. Y, en la filosofía y en la Ciencia también. Desde Sócrates y Aristóteles hasta un elevadísimo porcentaje de los más renombrados astrofísicos de los últimos siglos y de la actualidad, como ha mostrado recientemente José Carlos González-Hurtado en su libro Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios.

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Por eso es tan antinatural ese mundo político-mediático que, desde hace muchas décadas, evita incluso la mera mención de Dios. De hecho, una rusa conversa al cristianismo en los campos de concentración soviéticos, Tatianna Goricheva, cuando pudo visitar Occidente, se sorprendió grandemente de este silenciamiento activo y generalizado y escribió en la década de los 80 del pasado siglo un libro titulado Hablar de Dios resulta peligroso.

Tanto en Rusia como en Occidente, hablar de Dios no es solo hacer referencia a un Creador Omnisciente y Todopoderoso sino considerar a Cristo como Hijo Unigénito, de su misma Naturaleza y por quien todo fue creado, de un Dios Padre, que lo es también de todos los hombres.

La manipulación política-educativa-mediática no sólo se basa en silenciar al Creador del Universo y de la Ley natural, sino también a su Hijo Jesucristo y a la Iglesia por Él fundada. Y como este silenciamiento es imposible del todo, pues hasta las piedras hablan de Él

De ahí que la manipulación política-educativa-mediática no sólo se basa en silenciar al Creador del Universo y de la Ley natural, sino también a su Hijo Jesucristo y a la Iglesia por Él fundada. Y como este silenciamiento es imposible del todo, pues hasta las piedras hablan de Él, además de silenciar lo que les es posible (por ejemplo, la matanza de numerosísimos cristianos en cada vez más países, o los atentados contra iglesias, imágenes de la Virgen o Sagrarios, también en crecimiento geométrico en los últimos años) lo que intentan es tergiversar Su mensaje y dañar su Cuerpo Místico, alabando y magnificando todo lo que sea introducir en la Iglesia el error y la infidelidad, y denostando de muchas maneras a los que se mantienen firmes en la Fe de siempre.

Me falta tiempo y espacio para poner ejemplos paradigmáticos de este proceder manipulador de los medios que obedecen lacayunamente a los poderes políticos dominantes. Pero todo el proceso comienza con el silenciamiento de Dios como Creador del Universo y del hombre. Por lo que se consigue que no se siga ninguna Ley Natural y que el hombre piense que es el “rey” de sus actos, cuando en realidad es el esclavo de las leyes antihumanas establecidas por ese poder político manipulador y tiránico.

Gracias a Dios, a pesar de que yo fracasara en mi empeño de que se le hiciese caso a san Juan Pablo II en aquella exhortación a los fieles laicos que, entre otras muchas cosas buenas, nos decía que “en el uso y recepción de los instrumentos de comunicación urge una labor educativa del sentido crítico animado por la pasión por la verdad”, no todas las personas se dejan engañar tan fácilmente. Y, además, y sobre todo, está la fuerza de la Gracia de Dios, para quienes aman la Verdad con sencillez de corazón. Por lo que el “eclipse de la verdad, de la razón, de la fe y del corazón” no será nunca total. Siempre habrá un resto fiel que reciba al Señor en Su cada vez más próxima segunda venida.