Desde Hispanidad hemos alertado en numerosas ocasiones de la creciente y peligrosa moda de los vientres de alquiler. Debemos recordar que la ONU ya ha dejado claro que su objetivo es que la gestación subrogada también tiene que ser un derecho. Debe considerarse parte de la “planificación familiar integral” y, potencialmente, como un derecho humano.

El informe de la ONU señala la subrogación, junto con la adopción y el acogimiento, como una forma de que los servicios puedan “adaptarse a diferentes sexos, géneros... orientaciones y expresiones sexuales”. Entre otras categorías. También dice que "el apoyo financiero para tratamientos de fertilidad, maternidad subrogada, adopción y congelación de óvulos puede ampliar las opciones de las mujeres y ayudarlas a prosperar en el lugar de trabajo".

Y habla de la “justicia reproductiva”, cuyos tres valores fundamentales incluyen: “el derecho a tener un hijo, el derecho a no tener un hijo y el derecho a criar a un niño o niños en entornos seguros y saludables”. 

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Con esta corriente creciente, testimonios y charlas como las de Olivia Maurel, en un foro sobre maternidad subrogada celebrado en Estados Unidos, cobran aún más importancia. Maurel nació mediante gestación subrogada y es una de las voces más críticas. En la presentación de su libro Where Are You Mommy? (¿Dónde estás, mami?), se lanzó a contar un testimonio de una mujer. 

La mujer era la gestante, el vientre de alquiler, en su tercer trimestre de embarazo se ve en la ecografía que el bebé viene con dos dedos menos, condición que es totalmente compatible con la vida, pero los padres exigieron el aborto cuando se enteraron: "no querían tener un hijo con esa condición".

La madre subrogada se negó y ofreció a los padres del bebé quedarse ella con el niño. Los abogados de los padres se pusieron en contacto con ella y rechazaron la petición, "exigiendo el cumplimiento del contrato", que incluía cláusulas de aborto". Los representantes legales amenazaron a la gestante con tomar acciones legales y con no pagarle si no cumplía con las condiciones, por lo que la gestente abortó. 

Además, contó otro caso, en el que el bebé nació prematuro, por lo que la madre que "encargó el bebé" decidió no acudir a Argentina a recogerlo, lo "rechazó, como mercancía".

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Esta práctica constituye otro "avance progresista" que, como tantas otras iniciativas de vanguardia, supone un atentado contra la ley natural, es decir, una violación de la naturaleza: esa es la realidad de los vientres de alquiler.