El Nuevo Orden Mundial no nació en 1945: lo que nació entonces fue la Guerra Fría, peligrosa pero coherente: el Occidente contra el Comunismo oriental. Pero el ministro de Cultura, precisamente de Cultura, Ernest Urtasun, es uno de los que más lo repite para atacar al presidente de los Estados Unidos, un deporte de moda como cualquier otro. 

No pasa nada, tenemos un ministro de Cultura muy inculto y la ignorancia es lo más atrevido que hay.

A ver: lo que ocurre en 2026 es que el fenómeno Trump ha traído de nuevo a escena los principios cristianos que crearon Occidente... que es contra los que atentaba el NOM progre, ese Orden, ya no nuevo, que regenta el mundo desde hace 50 años. Y claro, las columnas del poder se tambalean. Trump es, antes que nada, un cristiano. Sin duda un mal cristiano, además de un bocazas de grandes dimensiones. Pero es cristiano porque busca la libertad y la felicidad del individuo. Por eso enerva al progresismo imperante, por ejemplo en Europa, que siente una obsesión enfermiza contra Donald: en la progresía siempre impera la melancolía.

Lo que se está imponiendo en el siglo XXI es algo más peligroso que el relativismo del siglo XX: la Blasfemia contra el Espíritu, lo propio del maligno siglo XXI

No, Trump no esta tambaleando las normas por las que nos hemos regido desde el final de la II Guerra Mundial. Es es otra 'groseen chorradem'. 

Trump, simplemente, ha puesto patas arriba el orden mundial imperante, cristófobo, el progresismo del 'nada es verdad ni nada es mentira' en el que lo público debe primar sobre lo privado. Y esto porque la cosas son verdad o mentira y no pueden ser ambas al mismo tiempo. También, sobre todo, porque Trump defiende un principio ineludible de la cosmovisión cristiana de la existencia: lo que importa es el hombre, hijo de Dios, y no la humanidad, que no deja de representar una coartada progre para controlar... al hombre. 

Por lo demás, lo que se está imponiendo en el siglo XXI es algo más peligroso que el relativismo del siglo XX: hablo de la Blasfemia contra el Espíritu, lo propio del siglo XXI, que consiste, no en confundir el bien y el mal, sino en convertir el bien en mal y el mal en bien. Contra eso es contra lo que se rebela Donald Trump, que, es cierto, tantas veces no predica con el ejemplo pero que basta con que abra la boca para que todo el Nuevo Orden Mundial se desquicie: ¡Menos mal!