Casi 80.000 personas abarrotaron el estadio del Real Madrid, el Santiago Bernabéu, en un llamado encuentro de la diócesis de Madrid con el Papa León XIV. Entre los invitados, católicos variopintos, pero lo más visible eran los religiosos y consagrados de todo tipo, miembros de consejos pastorales, y representantes de esa tendencia eclesial a crear cada día una institución distinta.
El Santiago Bernabéu se rinde al Papa León XIV.
— Universitarios Católicos (@UniCatolicos_es) June 8, 2026
El Sucesor de Pedro se ha marchado del estadio del Real Madrid emocionado con la gran ovación que más de setenta mil personas le ha regalado de despedida. pic.twitter.com/CxxmE9LRvQ
Hay sociedades, como la italiana, que se pirran por los uniformes y aquí nos pirramos por la burocracia, perdón, por lo institucional.
Y con todo respeto, el paisanaje que abarrotó el Bernabéu resultaba un pelín clerical, y dada la orientación que se le dio al acto, me temo que hay que hablar de ambiente progre-clerical, una atmósfera de la que servidor, mismamente, huye como de la peste. Se me podría responder aquello de que cada caminante siga su camino. Lo admito, pero ese no es mi camino.
En las afueras del Estadio, 48 horas antes, el sábado 6, miles de jóvenes, en perfecto silencio, adoraron a Cristo Sacramentado en la principal arteria de una de las principales capitales del mundo. Aquello sí resultó un espectáculo impresionante
El Encuentro del Papa con la diócesis de Madrid resultó un tanto cursi, un papelón clerical que todos podríamos habernos ahorrado.
Foto: Vatican Media
Además, contrastó con lo ocurrido 48 horas antes, noche del sábado, justo en las afueras del Estadio, con miles jóvenes en la principal arteria de la capital, impusieron la soledad y el silencio de Dios. Un imagen, si lo prefieren, porque la adoración ni es soledad, el alma está muy bien acompañada por el Santísimo, ni es silencio, cada alma habla con Dios. Aquellos miles de jóvenes en silencio, en una de las grande capitales del mundo, sobrecogían y el espectáculo resultó menos afectado que el del lunes.
Por contra, el espectáculo del lunes dentro del estadio resaltó por su banalidad. En primer lugar, torraron a León XIV con un discurso del cardenal arzobispo de Madrid que nuevamente (errare humanum est, diabolicum perseverare) se volvió a enredar con el agua de Madrid. Reto a cualquiera que escuchara al arzobispo de Madrid, don Cobo a repetir la idea matriz y motriz del discurso. Yo no soy capaz.
Es todo caso, me quedé, miren por dónde, con su cardenalicia alusión a la sinodalidad, ese empeño actual por convertir a la Iglesia en una democracia, según el lema expresado por René Goscinny: "Esto de que los dioses se comporten como si fuesen amos tiene que acabarse".
A partir de ahí todos fueron testimonios-'performance'. Esto de ofrecer testimonio nunca me ha gustado porque se corre el riesgo de convertir la intimidad con Dios en espectáculo con los hombres, pero sí encima los testimonios en escenifican, como aquellos violines que empezaron a sonar, el domingo, en el acto con la cultura, en pleno testimonio emocionadísimo de Antonio Banderas sobre la Semana Santa de su niñez... entonces acabamos en algo más cursi que un repollo con lazo encarnado.
Aquello se convirtió en un espectáculo de progresía clerical. Si ya sé que toda progresía consiste en un "abajo los curas y arriba las faldas" y ya de por sí resulta peligroso... pero sí al sustantivo progresía añaden el adjetivo clerical, entonces...
En algunos puntos donde el espectáculo alcazaba las más altas cotas de frivolidad me acordé de aquella duras palabras de Cristo: "No echéis vuestras perlas a los cerdos". Y todo ello en su acepción primigenia: la vulgarización de lo sacro.
No olviden que el progre clerical es muy mandón, ¿Sinodalidad? Sí, que hablen todos pero al final decido yo
Por lo demás, estamos ante una impostura. No olviden que el progre clerical es muy mandón, ¿Sinodalidad? Sí, que hablen todos, pero al final decido yo. Recuerden aquella 'genialidad' del Papa Francisco cuando convocó el primero de sus 'escándalos': el Sínodo de la Familia. Desde le primer día, aquello resultó un alarde de clericalismo cursis. Allí, a todo clérigo o asociado le dio por expresar las más solemnes sandeces sobre la posibilidad de que los arrejuntados pudieran acceder a la Eucaristía.
De repente, en mitad del Sínodo apareció el Papa Francisco, el convocante progresista y les espetó a los monseñores, clérigos y laicos: todo esto -es decir, todas estas majaderías- está muy bien pero al final el Sïnodo dirá que lo diga su documento ofinal... que redactaré yo.
Y lo redactó muy bien y reiteró la doctrina de siempre, que hay que comulgar en gracia. Ahora bien, entonces, Papa Bergoglio, ¿para qué montaste aquel pollo sinodal?
Volvamos al acto del Bernabéu: mucho me temo que León XIV se dejó contagiar por el espíritu de la 'sinodalidad'. Un Papa no puede estar llevando la contraria a sus fieles, entre otras cosas porque estaría desautorizando a sus obispos.
Sobre todo en el momento presente, con una Iglesia donde no se ha declarado el cisma pero alberga en su seno, no ese cisma en el que está usted pensando (el cisma-chifladura alemán) sino muchos otros.
Quiero decir que, al final, y esto es más preocupante que cachondeable, la progresía clerical y el clericalismo progre van a obligar a este Papa a elegir entre la unidad y la verdad.
Él quiere salvar la unidad de la Iglesia a toda costa pero si le obligan a elegir tendrá que decidirse por Cristo, que es la verdad. Será entonces cuando al clericalismo progre ya no le guste tanto León, que hoy mantiene el zombi de la sinodalidad, un espantajo en el que no cree pero que debe mantener vivo, al menos en su oratoria, para no enmendar a su antecesor pero, que, me atrevo a considerar que no le ha gustado nunca.
Eso sí: el Papa reza muy bien el Padrenuestro y termina sus actos rezando a santa María. Eso salvó a Francisco, eso salva a León, eso nos salvará a todos
El problema de la progresía clerical es que aún vive más en contradicción que la progresía laical. Ejemplo: en pleno performance en el Bernabéu, visto lo visto, la periodista sanchista, de porte moderado y fondo radical, Pepa Bueno, preguntó a los comentaristas religiosos que le acompañaban si el Papa León iba a derogar el celibato sacerdotal. Ella, que es toda un experta, consideraba que en la época actual es muy difícil que alguien no fornique. Y planteó la cuestión, pura coincidencia, cuando un docena de curas con clériman berreaban una tonada de circunstancias... he visto roncos que cantaban mejor pero ellos se meneaban como si se tratara de estrellas del rock. Pepa no me des tormento...
Eso sí, el Papa, que creo que se sintió más a gusto en la procesión del Corpus que en la veleidad del Bernabéu, termina siempre su acto rezando el Padrenuestro a Cristo y con una mención a su Santísima Madre, esta vez con el canto masivo del himno de la Almudena, a la que se sumó el pueblo presente y con gran entusiasmo. Una masa de 70.000 personas ni desafina ni actúa: sólo canta a la Madre de Dios.
Mientras el Bernabéu espera la llegada del Papa, los tronos de la imagen vicaria de la Almudena y la histórica imagen de Jesús de Medinaceli de Madrid se encuentran en medio del estadio. pic.twitter.com/WDk1ULvVkv
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Por último, el Papa reza muy bien el Padrenuestro y siempre termina sus actos rezando a Santa María. Así concluyó en el Bernabéu, y de este modo exorcizó la cursilería ambiental... preparada por el Obispado.
Santa María: ella salvó a Francisco, eso salva a León, ella nos salvará a todos. Incluso a Pepa Bueno: la oración es omnipotente y la Virgen, omnipotencia suplicante.