Decíamos en Hispanidad que el domingo 7 de junio, la mañana del Corpus Christi, el pontífice peruano-estadounidense se recorrió en Papa-Movil la espina dorsal de Madrid. No sé cuántos bebés le auparon a sus manos los responsables de seguridad pero fueron varias docenas. Al Papa le gustan los bebés, lo más puro de la raza humana y cuya escasez en España es la muestra de que vivimos entre demonios.
Un día después, el Pontífice pronunció un discurso histórico en defensa de la vida y pocas horas más, en la calle Mayor, 37 de Madrid, se detuvo ante una joven madre y bendijo a su bebé, Renata, una niña a quien los médicos auguraron un mal pronóstico antes de nacer y a quien aconsejaron no tener.
Esa madre lleva meses acogida en los pisos tutelados de Fundación Madrina, donde encontró el acompañamiento y los recursos para seguir adelante con su embarazo. Hoy, Renata crece sana y su madre no puede contener las lágrimas al recordar el instante en que León XIV posó su mirada en las dos.
Destaca Madrina que la historia de Renata y su madre es, precisamente, la encarnación de las palabras del Santo Padre: “La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia.” Cuando todo parecía apuntar en la dirección contraria, una mujer vulnerable encontró en Fundación Madrina la acogida de la que habló León XIV ante el Parlamento. Y la vida, que la institución lleva décadas defendiendo, se abrió paso.
“Ver al Papa bendecir a Renata frente a nuestra sede, el mismo día que proclamó ante España que toda vida merece ser custodiada desde la concepción, es mucho más que una coincidencia. Es la confirmación de que el camino que llevamos recorriendo tiene sentido”, señalan desde la Fundación.