Contaba yo días atrás en Hispanidad que los fondos son impersonales. Aparecían dos fotos en el artículo, la de Larry Fink (BlackRock) y la de Stephen Schwarzman (Blackstone). De inmediato, en la red social X un profesor de Yale, David Abraham Cohen, me recuerda ambos son judíos, al igual que, aclara, lo es él mismo.
El tuit no tiene desperdicio, lo que no significa que esté de acuerdo con él. Intentaré resumirlo en sus dos ideas-fuerza: los judíos controlan hoy los grandes instrumentos financieros globales. Por eso, él les llama sionistas sin alma y, respecto a esto, yo sólo puedo repetir lo que he defendido siempre, por ejemplo, en referencia Benjamín Netanyahu: que me gustan los judíos pero no me gustan los sionistas.
Ahora bien, mi comunicante, que se identifica, insisto, como judío, asegura dos cosas. La primera: se pregunta por qué a lo largo de la historia los judíos se han dedicado a las finanzas. Yo lo encuentro muy lógico. En el siglo I comienza la diáspora, que ha durado 2.000 años.
Por tanto, era lógico que los judíos se convirtieran en prestamistas: no sólo era un negocio odiado y ellos ya eran odiados de cualquier forma, sino que también constituía su mejor protección frente a los abusos. Cuando le prestas dinero al rey, de alguna manera, el rey está en tus manos.
Otra cosa es que no me guste el oficio de prestamista. Por lo mismo que un tal Tomás de Aquino: porque el banquero vende tiempo y el tiempo es de Dios.
No sólo eso, sino que insisto en que los banqueros, al menos, tienen que rendir cuentas a sus accionistas, los fondistas, no.
Curioso porque manejan dinero que, como el de los banqueros, no es suyo sino de millones de ahorradores. Pero, por lo general, las grandes figuras de los grandes fondos son personajes desconocidos que no rinden cuantas a nadie.
Como mucho a los gestores de sus fondos asociados. Sin embargo manejan el ahorro de millones de partícipes que no tienen otro derecho que el de recoger sus ganancias, ojo, o sus pérdidas. Seres desconocidos que hacen lo que les viene en gana con el dinero de los demás, el dinero de millones de pequeños partícipes, que son los verdaderos propietarios, pero que ni pinchan ni cortan.
Segunda idea: dice nuestro comunicante que los judíos odian al Occidente cristiano, que les arrebató el segundo Templo. Bueno, fue el mismo Cristo quien aseguró que el Reino se otorgaría a otro pueblo que diera los frutos adecuados (Mt 21, 43).
Matiz: no, los judíos no odian a los cristianos, los sionistas sí, y no porque les hayamos quitado el II Templo, sino porque ellos han forjado el III Templo y están dispuestos a matar con tal de mantenerlo.
No se engañen; Netanyahu está deseando enfrentar a Occidente con el mundo islámico, y es enemigo de ambos. Ahora bien, Netanyahu es más sionista que judío.