Ha muerto Irene de Grecia, hermana de la Reina Sofía e hija del penúltimo rey heleno, Pablo I. Tuvo que vivir dos destierros y tras el segundo se dirigió a la India junto a su madre, la Reina Federica. Fue allí donde dio un vuelco y, aunque nunca abandonó su fe ortodoxa, se imbuyó de hinduismo y budismo, y se sintió atraída por la espiritualidad oriental. 

Ha muerto en Madrid, vivía en La Zarzuela y sus últimos años fueron los más próximos a su hermana, la Reina Sofía. Irene siempre fue una princesa educada y agradable, que jamás dio un escándalo y que, perdido su título nobiliario, supo estar en un segundo plano y evitó el proscenio. La modestia se ha convertido en la clave de bóveda de la primera familia española, sobre todo, desde la irrupción en Zarzuela de la Reina Letizia.

Hasta ahí todo bien. Lo malo es que Irene de Grecia se empapó del panteísmo oriental, hasta llegar a hablar del necesario 'bienestar material y espiritual' de todas las especies animales... mismamente.

Ahora bien, el panteísmo es el más peligroso de los ateísmos. Éste niega la existencia de Dios y convierte al hombre en Dios, mientras el panteísmo, no sólo niega al Dios personal: niega, pero insulta a Dios al equipararle con la cucaracha y encima incitarle a adorar a esa cucaracha... con el objetivo final de extender el bienestar espiritual a todas las criaturas, cucarachas incluidas. 

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El panteísmo es una peste que no pretende, como el ateísmo marxista o nazi, por ejemplo, negar a Dios: pretende sustituirle. Tampoco cree en la persona, sino en la vida, un distingo que le condena a la inacción y a la estupidez. 

El panteísmo es el más peligroso de los ateísmos. Éste niega la existencia de Dios y convierte al hombre en Dios, mientras el panteísmo, no sólo niega al Dios personal: niega, pero insulta a Dios al equipararle con la cucaracha

Pues bien, Irene de Grecia, una mujer, por lo demás, educada y afable, fue quien, junto a su madre, la Reina Federica de Grecia, introdujo el panteísmo en la hasta entonces católica monarquía borbónica española. Su estancia en la India supuso un curso acelerado de hinduismo, origen de los nefastos orientalismos que se arrastran hacia Occidente desde el medio siglo.

El efecto más visible en un occidental 'convertido' al panteísmo es el animalismo. Por ejemplo, cuando en las crónicas de la televisión pública española, que siempre han tratado magníficamente a la Reina Sofía y a Irene de Grecia, se nos dice que la Princesa Irene concibió su espiritualidad en la India y que desde entonces se volvió una protectora de bienestar espiritual de todas las especies y hasta a un experto en la Casa Real he oído hablar, directamente, del animalismo de la princesa fallecida.

La Reina Sofía, su hermana, se ha salvado de la contaminación panteísta por su fe cristiana y su carácter español, lo más opuesto al pan, amigo del buen vino y de los apetitos fuertes, que pueden ser de Dios o del diablo pero que jamás dormitan en esa atonía espiritual sin pulso, propia de los orientales, pero sí ha caído en el vegetarianismo. Según la Reina Sofía, un vegetarianismo producto de una promesa adolescente... pero los hay que no nos fiamos de quien no pugna, de vez en cuando, con un buen chuletón y un caldo de Rioja.

La Reina Sofía, su hermana, se ha salvado de la contaminación panteísta por su fe cristiana y su carácter españo

Total, que la Reina Federica de Grecia y su hija Irene han inoculado el virus panteísta-hindú que, en el fondo es un "lo acepto todo porque, a fin de cuentas, ¿qué importa nada".  

No en vano Chesterton comparaba el signo cristiano, la cruz, abierta a todo el mundo, a los cuatro puntos cardinales, con el círculo oriental, cerrado sobre sí mismo, sin principio ni fin. 

Y si de la teología pasamos a la moral, lo mismo: el hombre debe sentir pasiones y controlarlas, pero el panteísmo, el colectivismo oriental, pugna por anular apetitos, pasiones y cualquier deseo. Que el hombre no sienta pasión alguna. 

Pero los cristianos sabemos que si no trata de vencer los apetitos, el hombre se convierte en el más insensible de los seres humanos, y de esa insensibilidad puede surgir la inclemencia y la violencia más brutal e inhumana, que no es la de China comunista sino de la panteísta India, el país más poblado el mundo. 

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El panteísmo es un virus que se ha colado hasta en las religiones monoteístas del islam y el judaísmo y ha conseguido ganar batallas en el cristianismo oriental. Con los cachondos de los católicos occidentales menos, pero el ecologismo y el animalismo constituyen vías de entrada. 

Descanse en paz Irene de Grecia pero, por favor, no caigamos en ese respeto a los muertos que implica engañar a los vivos.