Lo cuenta esa página imprescindible que es Bioética Press, realizada por la Universidad Católica de Valencia (UCV): el riesgo de cardiopatía se dispara con los embriones congelados. En definitiva, los niños concebidos por fecundación asistida tienen más riesgos de sufrir cardiopatías que los concebidos de forma natural: ya saben el amor entre hombre y mujer. Y es que la naturaleza no perdona nunca.
Repitamos, la FIV no es vida, es muerte. Pero es una realidad no sólo comúnmente aceptada sino un negocio multimillonario. Por eso muchos hasta se asombran de que la Iglesia prohíba la barbarie FIV.
Recuerden: la FIV no es vida, es muerte, una de las grandes matanzas ignoradas de este mundo homicida en que se ha convertido el siglo XXI
Así que, ahora, siguiendo el chestertoniano principio de que si lo natural no tiende a lo sobrenatural, acaba en antinatural, resulta que la FIV aumenta el riesgo de cardiopatías, ¿por qué será que no me asombra?
Mire usted: la fecundación artificial implica la cosificación de los embriones humanos congelados, justo en lo que se apoya este repugnante negocio.
Recuerden: la FIV no es vida, es muerte, una de las grandes matanzas ignoradas de este mundo homicida y un poco chiflado en que se ha convertido el siglo XXI.