Recogemos los casos diarios de violencia de los pobres vulnerables: en Pozuelo de Alcorcón, con Carlos, a quien apedreaban sus okupas, en San Sebastián, con desalojo por una pelea que dejó dos heridos, en Cataluña, con un edificio en riesgo de derrumbe por los destrozos causados por los okupas. O en Madrid con amenazas de muerte a la propietaria o con una pelea entre okupas que acabó provocando un incendio en un edificio, que terminó derrumbándose. Hasta que llegamos a la cota máxima apalizando a una embarazada, o a una madre y su hijo o, a un concejal en pleno tapiado en el desalojo. La última: los okupas que incendiaron la casa okupada pensando que el propietario les había cortado el suministro. O, ayer mismo, con la agresión a dos periodistas por parte de los okupas de Badalona. Sin olvidarnos del okupa que mató a puñaladas a una mujer en un local okupa.

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Y es que en el mundo okupa cada día encontramos un caso que nos sorprende. Hemos conocido historias que demuestran la caradura y la impunidad con la que actúan: como los que habían convertido la vivienda en un piso turístico y Hacienda multó al propietario o, aquellos que no se iban porque el banco le iba a quitar la casa al propietario, entonces se quedaban hasta que la vivienda fuera del banco. O el okupa que presume con orgullo de no pagar suministro alguno: "lo paga el ayuntamiento".

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Esta semana el Heraldo de Aragón trae una historia que pone de manifiesto varias de estas características okupas que se repiten una y otra vez: caradura, impunidad, violencia... 

Dos vecinas de Zaragoza lograron echar a sus okupas, pero como hemos dicho en alguna ocasión: el okupa siempre llama dos veces. Así, Oyasi O. y Frank O., protagonistas de esta historia, vulnerables y seguramente en búsqueda de la regularización masiva de Sánchez, volvieron al domicilio y amenazaron con cuchillos de grandes dimensiones a las propietarias.